La MEXICANA ASESlNADA por su “MEJOR AMIGA” | El caso RESUELTO de Anel Baez

La MEXICANA ASESlNADA por su “MEJOR AMIGA” | El caso RESUELTO de Anel Baez

Sombras en Guamúchil: La Traición de la Amistad

El 19 de marzo de 2014, el sol caía sobre la ciudad de Guamúchil, Sinaloa, con la cotidianeidad de cualquier miércoles de primavera. Sin embargo, tras las puertas de una vivienda familiar, se estaba gestando un escenario de horror que ninguna cámara de vigilancia pudo captar y que ningún vecino pudo prever. No hubo cerraduras forzadas ni gritos que alertaran a la cuadra. El mal no vino de la calle; el mal ya tenía las llaves de la casa.

El Hogar de los Báez Álvarez

Anel Báez Álvarez nació el 17 de marzo de 1998. Era la segunda hija de Hugo Báez y Aidé Álvarez. En un entorno donde las familias se conocen por nombre y apellido, los Báez representaban el ideal de la clase media trabajadora: una dinámica basada en el afecto, la supervisión constante y una comunicación abierta.

Anel era descrita por todos como una joven dulce, risueña y reservada. Aunque inicialmente tímida, florecía en confianza, especialmente cuando se trataba de sus grandes pasiones: la lectura de suspenso y la música. De hecho, era la voz principal de una banda local, un rol que contrastaba con su naturaleza introvertida pero que demostraba su determinación. Tenía sueños claros: quería estudiar una licenciatura relacionada con la nutrición o la belleza. Su futuro era un lienzo brillante que apenas comenzaba a pintar.

Sin embargo, la tragedia ya había golpeado a la familia antes del fatídico 2014. En 2010, a su madre, Aidé, le diagnosticaron cáncer. Durante dos años, Anel y sus hermanos, Omar y la pequeña Aid, vieron cómo el pilar emocional de su hogar se desvanecía. En 2012, Aidé falleció, dejando un vacío inmenso. Hugo, el padre, asumió con valentía el doble rol, fortaleciendo el vínculo con sus hijos. Anel, en un gesto de madurez temprana, se convirtió en el apoyo fundamental para el cuidado de su hermana menor.

El Encuentro de Dos Mundos

Fue durante el primer año de secundaria cuando Anel conoció a Erandy Elizabeth Gutiérrez. A simple vista, eran dos adolescentes compartiendo el aula, pero sus trasfondos no podrían haber sido más distintos. Mientras Anel crecía en un ambiente de estructura y protección, Erandy provenía de un hogar marcado por la ausencia de sus padres, lo que la obligaba a cuidar de sus propias hermanas menores y a lidiar con una soledad que agrió su temperamento.

Erandy era distante, conflictiva y sentía una fascinación inquietante por la narcocultura. A pesar de estas señales de alerta, Anel, en su bondad, le abrió las puertas de su casa. Erandy se convirtió en una presencia habitual en el comedor de los Báez, participando en tareas escolares y secretos de adolescentes. Para Hugo Báez, Erandy no era un peligro; era la mejor amiga de su hija, una joven que encontraba en su hogar el calor familiar que le faltaba en el propio.

Las Grietas y las Señales Digitales

A principios de 2014, algo cambió. La cercanía fraternal empezó a disolverse. No hubo una gran pelea pública, solo un distanciamiento gradual que los compañeros de escuela notaron. Pero mientras Anel seguía con su vida, el rencor en Erandy comenzó a cristalizarse de forma macabra.

A partir de febrero, las redes sociales de Erandy se convirtieron en un diario de advertencias ignoradas. Publicaba mensajes crípticos pero violentos: frases que insinuaban el deseo de quitarle la vida a alguien, palabras cargadas de un odio que nadie supo dirigir hacia una persona concreta en ese momento. Erandy estaba anunciando un crimen, pero el mundo digital lo leyó como simples desahogos adolescentes.

El Miércoles Negro

El 19 de marzo de 2014, Anel cumplía 16 años apenas dos días antes. Hugo salió a trabajar y las jóvenes fueron a la escuela. El plan era sencillo: Anel recogería a su hermana menor al terminar las clases. Pero la niña nunca fue recogida.

Alarmado por la llamada del colegio, Hugo buscó a Anel desesperadamente por teléfono sin obtener respuesta. Al llegar a casa con la pequeña Aid, notó que la puerta estaba sin seguro. Al entrar en la habitación de Anel, el horror se hizo carne. La niña menor entró primero y soltó un grito que Hugo nunca olvidaría. Anel yacía sin vida sobre un charco de sangre.

La escena era dantesca. La autopsia revelaría más tarde que Anel recibió 65 puñaladas. No fue un ataque rápido; fue una agresión sostenida, llena de saña y resistencia, pues el cuerpo de la joven presentaba heridas defensivas que indicaban que luchó por su vida hasta el último aliento.

El Lobo con Piel de Cordero

La investigación fue rápida. Al no haber entradas forzadas, el círculo se cerró sobre los allegados. Los vecinos informaron haber visto a una joven de cabello negro salir de la casa. Los rumores en la escuela apuntaban a Erandy.

Lo más escalofriante ocurrió durante el funeral. Erandy asistió al velorio de su “mejor amiga”. Vestía una blusa negra de mangas largas —para ocultar los rasguños del forcejeo— y se mantuvo con la cabeza baja. En un acto de cinismo absoluto, se acercó a Hugo Báez y lo abrazó en silencio. Mientras tanto, agentes de civil la observaban.

Erandy fue detenida discretamente durante la misa de cuerpo presente. En el interrogatorio, la verdad emergió con una frialdad quirúrgica. Relató que ese día compró dos helados y fue a casa de Anel. Entró con naturalidad, subieron a la habitación, comieron el helado y pusieron una película. En un momento dado, Erandy fue a la cocina, tomó un cuchillo y regresó para terminar con la vida de quien la había llamado hermana. Tras el crimen, se duchó en la misma casa para quitarse la sangre y salió caminando como si nada hubiera pasado.

Un Final sin Justicia

Debido a que Erandy tenía 16 años al momento del crimen, la ley mexicana de aquel entonces era limitada. A pesar de la brutalidad de las 65 heridas, la pena máxima para un menor era de apenas 7 años.

La indignación social creció cuando, tras reformas legales, la condena de Erandy se redujo a solo 3 años y medio. En ese corto periodo, la joven recuperó su libertad, dejando a la comunidad de Guamúchil y a la familia Báez con una herida abierta que la justicia no quiso cerrar.

Hugo Báez, en un acto de nobleza sobrehumana, declaró públicamente que otorgaba su perdón a Erandy, no porque el crimen fuera perdonable, sino para no permitir que el rencor consumiera los años que le quedaban junto a sus otros hijos. La familia abandonó la casa de la tragedia, incapaz de soportar el peso de los recuerdos.

Conclusión

El 29 de marzo de 2025, Hugo Báez falleció, reuniéndose finalmente con su hija y su esposa. Su partida marcó el cierre de una historia donde la lealtad fue devorada por la envidia. El caso de Anel Báez permanece como un recordatorio sombrío de que, a veces, el peligro más grande no acecha en las sombras de un callejón, sino en la sonrisa de quien se sienta a nuestra mesa.

La impunidad legal de Erandy Gutiérrez sigue siendo un tema de debate sobre los límites de la justicia juvenil, pero para el pueblo de Guamúchil, la sentencia real es el recuerdo de una voz joven que fue silenciada por quien juró ser su mejor amiga.