Hace cinco días vi algo que no puedo sacarme de la cabeza…Ver más

Hace cinco días vi algo que no puedo sacarme de la cabeza. Fue en una reunión familiar en casa de mi mamá, un almuerzo de esos que se arman sin mucha planeación. Estaban mis tíos, algunos primos lejanos, mis hermanos y, por supuesto, mi esposa. Yo llegué un poco tarde porque estaba trabajando, así que cuando entré a la casa el ambiente ya estaba armado: música suave, gente conversando en la sala, otros en el patio y mi mamá en la cocina.
Dejé las llaves sobre la mesa del comedor y fui directo al fondo de la casa a saludar. Mi esposa no estaba. Pensé que estaría ayudando en la cocina o hablando con alguien en una de las habitaciones. Caminé por el pasillo que conecta los cuartos con el patio trasero, un lugar al que casi nadie entra cuando hay reuniones porque queda más apartado.
Cuando giré hacia el cuarto que usan para guardar cosas viejas, los vi. Ella estaba de espaldas a mí, apoyada contra la pared. Él estaba de frente, muy cerca. Es un primo mío en tercer grado, alguien que conozco desde siempre, que va a las reuniones familiares, que se sienta en la misma mesa. No estaban hablando. Se estaban besando. No fue un beso rápido ni confuso. Fue claro. Lento.
Me quedé quieto. No hice ruido. No carraspeé. No pregunté nada. Sentí como si el cuerpo se me hubiera congelado. No sé cuánto tiempo estuve ahí, pero fueron segundos suficientes para entender que no era un acc!dent3 ni un juego. Ninguno se dio cuenta de que yo estaba ahí.
Me di la vuelta sin decir nada. Caminé de regreso al patio como pude. Me senté en una silla, agarré un vaso y fingí que escuchaba una conversación que no recuerdo. Nadie notó nada. Ella salió minutos después, como si nada hubiera pasado, y se sentó a mi lado. Me habló normal. Me preguntó si estaba bien. Yo le dije que sí.
Desde ese día no he vuelto a ser el mismo. Ella me pregunta por qué estoy raro, por qué estoy callado, por qué ya no le hablo igual. Me pregunta si hice algo mal y tengo remordimientos, si estoy molesto por algo del trabajo. Yo no le respondo. Cambio el tema. Me encierro en el baño más tiempo del normal. Salgo a caminar solo. No sé cómo decirlo.
No he dicho nada por varias razones. Tengo miedo de perderla. Tengo rabia acumulada. Y, sobre todo, tengo miedo de enfrentarla y reaccionar mal. No sé si gritaría, si haría algo de lo que después me arrepienta. Tampoco sé qué haría ella. Si lo negaría. Si me culparía. Si me diría que no fue nada.
Han pasado cinco días y nadie más sabe lo que vi. Ni mi mamá. Ni mis hermanos. Ni la familia. Solo yo cargo con esa imagen. La escena sigue igual en mi cabeza: el pasillo, la puerta entreabierta, ellos dos besándose en una casa que también es mía. Y yo, parado ahí, sin saber qué hacer con todo esto.
No sé cuánto más pueda callar. Pero tampoco sé qué pasará cuando hable. ¿Qué me aconsejas?
Historia anónima de un seguidor
Jarhat Pacheco