EXTRAÑA FORMA EN QUE ESTABA EL CUERPO DE UNIVERSITARIO DE EL BOSQUE DESPIERTA SOSPECHAS
El Enigma de Gachancipá: El Último Trayecto de Cristian Martín
Capítulo I: Una Mañana de Promesas
La madrugada del lunes 16 de febrero en la localidad de Bosa, Bogotá, estaba teñida por ese frío persistente que se cuela en los huesos antes de que el sol logre asomarse por los cerros orientales. A las 4:30 de la mañana, Cristian Martín, un joven de apenas 16 años, se alistaba con la meticulosidad de quien valora su oportunidad. Era su primer semestre en la prestigiosa Universidad El Bosque, un logro que cargaba con orgullo y responsabilidad.
Frente al espejo, Cristian ajustó su vestimenta académica. No había rastros de tristeza, ni señales de agobio en su rostro adolescente; solo la vitalidad de quien empieza a descubrir el mundo. A las 4:40, se despidió de su madre, la señora Janette. —Ya me voy, mamá. Regreso al final del día —le aseguró con una sonrisa cotidiana.
Aquella promesa, repetida en miles de hogares colombianos cada mañana, se convertiría en el eco de una tragedia que nadie pudo prever. Cristian salió a la calle, caminó hacia el transporte y, pocos minutos después, realizó una llamada que hoy es el eje central de un rompecabezas judicial. Llamó a su novia. Con voz tranquila y un tono de absoluta normalidad, le reportó sus movimientos: “Ya salí de la casa, voy rumbo a la universidad para las clases”.
Esa fue la última vez que su voz fue escuchada por alguien que lo amaba. Al colgar, Cristian entró en una dimensión desconocida donde la realidad de su ruta hacia el norte de Bogotá se fracturó para siempre.

Capítulo II: El Silencio Ensordecedor
El mediodía en Bogotá suele traer el caos del tráfico, pero para la familia Martín, trajo algo mucho más peligroso: el silencio. Cristian era un joven de costumbres fijas; solía regresar para almorzar o, al menos, mantenía una comunicación constante. Cuando las sombras de la tarde empezaron a alargarse sobre la ciudad y el reloj marcó horas inusuales, la angustia se instaló en el pecho de Janette.
Llamaron a su celular una, diez, cincuenta veces. El teléfono timbraba. Esa era la parte más tortuosa: el dispositivo estaba encendido, tenía señal, la llamada entraba con una persistencia cruel, pero nadie respondía al otro lado de la línea. El presentimiento de que algo grave ocurría se transformó en una certeza de terror cuando contactaron a la universidad y confirmaron que Cristian nunca llegó a sus clases.
Ante la lentitud inicial de los protocolos oficiales, la familia decidió tomar las riendas de la búsqueda. La tecnología, que tantas veces nos distancia, se convirtió en su única aliada. Accedieron al computador personal de Cristian y, mediante un rastreo minucioso del GPS vinculado a su cuenta de Google, lograron obtener una coordenada geográfica.
El resultado los dejó en estado de shock. El punto azul en el mapa no estaba en la Universidad El Bosque, ni en Bosa, ni en ningún lugar de su ruta habitual. La señal provenía de una zona rural y montañosa en el municipio de Gachancipá, a casi una hora de la capital. Un lugar que Cristian no frecuentaba y con el que no tenía vínculo alguno.
Capítulo III: El Ascenso a la Desolación
Con el corazón latiendo desbocado, el padre de Cristian se desplazó hacia el municipio indicado. La noche ya se había cerrado sobre Cundinamarca cuando llegó a las faldas de una montaña boscosa. Guiado por la ubicación en tiempo real que aún emitía el celular de su hijo, el hombre tuvo que emprender un ascenso penoso entre matorrales y la soledad absoluta del campo.
A la 1:30 de la madrugada del martes 17 de febrero, en medio de la penumbra y el frío paramuno, el GPS indicó que estaba sobre el punto exacto. Allí, en un paraje que parecía sacado de una pesadilla, se encontró con la escena más desgarradora que un padre puede imaginar.
Inicialmente, en la confusión de la oscuridad, se pensó que el cuerpo de Cristian reposaba sobre el suelo. Sin embargo, los peritos confirmarían más tarde un detalle que estremeció a la opinión pública: el joven estaba suspendido de la rama de un árbol. La vida del prometedor estudiante de primer semestre se había apagado en la soledad de esa montaña extraña.
Capítulo IV: Las Sombras del Engaño
Para las autoridades, la escena planteaba de inmediato la posibilidad técnica de un suicidio. Pero para quienes conocían a Cristian, esa conclusión era un insulto a la lógica. ¿Por qué un joven que minutos antes llamaba a su novia con entusiasmo por sus clases viajaría casi 50 kilómetros hacia un lugar desconocido para quitarse la vida?
La señora Janette, desde el primer momento, ha mantenido una postura valiente y firme: a su hijo lo mataron. No físicamente con una mano directa, quizás, o tal vez sí, pero está convencida de que Cristian fue llevado hasta Gachancipá bajo engaños. —A mi hijo lo llevaron personas de su círculo cercano —ha declarado ante los medios—. Fue por envidia. Querían apagar su luz.
La teoría de la familia sugiere un plan orquestado. Se reveló que, mientras buscaban desesperadamente al joven, recibieron una serie de llamadas extrañas, comunicaciones crípticas que ahora están en manos de la Fiscalía General de la Nación. ¿Quién sabía que Cristian estaba en esa montaña? ¿Quién tenía su teléfono mientras este timbraba sin cesar?
Capítulo V: El Rompecabezas Judicial
Hoy, el caso de Cristian Martín es una prioridad para las unidades especializadas de la Sijín y la Fiscalía Seccional Cundinamarca. Los investigadores están realizando un barrido exhaustivo de las cámaras de seguridad, no solo de los alrededores de su casa en Bosa, sino de los peajes y accesos hacia el norte, buscando identificar el vehículo o las personas que pudieron acompañarlo en ese trayecto fatal.
El análisis forense de su actividad digital es la pieza clave. Se busca reconstruir cada mensaje de WhatsApp, cada interacción en redes sociales y, sobre todo, identificar a qué personas contactó en los días previos. Existe un vacío de varias horas entre su última llamada a las 5:00 a.m. y el hallazgo de su cuerpo, un tiempo donde la verdad permanece oculta bajo el follaje de Gachancipá.
La contradicción es el corazón del misterio: un “voy camino a la universidad” expresado con total naturalidad, frente al hallazgo de un cuerpo en una montaña lejana. No hay notas de despedida, no hay antecedentes de depresión, no hay conflictos de pareja según su hermana Fernanda. Solo queda el rastro de un joven dedicado a sus libros que, de alguna manera, fue desviado de su camino por una fuerza oscura.
Conclusión: Un Grito por Justicia
La muerte de Cristian Martín no es solo la pérdida de un estudiante de 16 años; es una herida abierta en la sociedad colombiana que cuestiona la seguridad de los jóvenes y la maldad que puede esconderse detrás de rostros conocidos. La comunidad de la Universidad El Bosque y los vecinos de Bosa permanecen en vigilia, esperando que los resultados de medicina legal y la inspección técnica al cadáver arrojen una verdad científica que respalde lo que el corazón de una madre ya sabe.
El vacío en el aula de primer semestre y el silencio en su hogar son ahora un grito persistente que exige justicia. Mientras las diligencias judiciales avanzan lentamente, el nombre de Cristian Martín se convierte en un símbolo de la lucha por la verdad, en un enigma que comenzó en una fría madrugada de febrero y que no descansará hasta que se descubra quién o qué lo llevó a ese último y trágico ascenso en Gachancipá.