6 Años Después de que Gemelas Desaparecieran en Concierto en Monterrey — Técnico Encuentra ESTO…
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6 años después de que gemelas de magnate desaparecieran en concierto en Monterrey en 1997. Técnico encuentra mayo de 2003, Monterrey, Nuevo León, México. Raúl Armando Jiménez López llevaba 15 años trabajando como técnico en sistemas de climatización. Esa mañana había llegado temprano a la clínica Santa Teresa para revisar los equipos del sótano. La clínica ubicada en el exclusivo sector de San Pedro Garza García, atendía principalmente a familias adineradas de la región. “Buenos días, Dr. Pereira”, saludó Raúl al cruzarse con el director médico en el pasillo principal.
Ah, el técnico. Haga su trabajo rápido y sin molestar, respondió Miguel Ángel Pereira Santos, un hombre de 50 años con prestigio en la comunidad médica Regio Montana. Raúl descendió al sótano con su caja de herramientas. El área de máquinas estaba húmeda y mal ventilada. Mientras inspeccionaba los conductos de aire, notó que una sección de la pared parecía más nueva que el resto. Al acercarse, observó que algunos ladrillos estaban mal asentados. “¡Qué raro!”, murmuró presionando la pared con la mano.
Un ladrillo se movió ligeramente. Intrigado. Raúl tomó una palanca pequeña de su caja y comenzó a aflojarlo. Cuando logró extraerlo completamente, una pequeña bolsa de plástico cayó al suelo. Dentro de la bolsa había dos cadenas de oro idénticas con colgantes en forma de corazón. En cada corazón estaban grabados los nombres: Isabela y Sofía. Raúl reconoció inmediatamente esos nombres. Todo México había seguido el caso del desaparecimiento de las gemelas Mendoza Herrera en 1997. Isabela María y Sofía Carmen Mendoza Herrera tenían 18 años cuando desaparecieron la noche del 15 de marzo de 1997 después del concierto de Nirvana en la Arena Monterrey.
Eran hijas de Alejandro Mendoza Vázquez, uno de los empresarios más poderosos del noreste de México, dueño de una cadena de supermercados y varias empresas constructoras. La desaparición había conmocionado al país. Las gemelas habían salido del concierto con un grupo de amigas cerca de las 11 de la noche. Las cámaras de seguridad las mostraron caminando hacia el estacionamiento, pero nunca llegaron a su automóvil. Sus amigas declararon que se habían separado momentáneamente para usar los baños y cuando regresaron, Isabela y Sofía ya no estaban.
Raúl sabía que el caso seguía oficialmente abierto, aunque sin avances significativos en los últimos años. La familia Mendoza había ofrecido una recompensa de 5 millones de pesos por información que llevara al paradero de las jóvenes. Con las manos temblorosas, Raúl guardó la bolsa en su mochila y terminó rápidamente su trabajo en el sótano. Subió a la planta principal de la clínica intentando actuar con normalidad, pero su mente trabajaba aceleradamente. Dr. Pereira lo encontró en su oficina. Ya terminé la revisión.
Todo está funcionando correctamente. Perfecto. Patricia le dará el formato para que firme, respondió Pereira sin levantar la vista de sus documentos. Patricia Guadalupe Ruiz Castillo, la enfermera jefe de la clínica, le entregó el reporte de servicios. Era una mujer de unos 40 años que llevaba trabajando en la clínica desde su apertura en 1995. “Todo bien, Raúl. Se ve pálido,”, comentó Patricia. Solo cansancio, gracias por el reporte”, respondió él firmando rápidamente y saliendo de la clínica. Una vez en su camioneta, Raúl examinó nuevamente las cadenas.
Los colgantes tenían un grabado en la parte posterior. Para nuestras princesas, papá, 1995, sin duda alguna pertenecían a las gemelas Mendoza. Raúl conocía vagamente a Carlos Eduardo Mendoza Herrera, el hermano mayor de las desaparecidas. Carlos tenía 24 años cuando ocurrió la tragedia y había abandonado sus estudios de ingeniería para dedicarse por completo a buscar a sus hermanas. Trabajaba ahora en una pequeña oficina de investigación privada en el centro de Monterrey. Después de pensarlo durante el resto del día, Raúl decidió contactar directamente a Carlos.
A las 7 de la tarde llamó al número que había encontrado en el directorio telefónico. “Aficina de investigaciones Mendoza”, contestó una voz cansada. Carlos Mendoza. Sí, soy yo. Mi nombre es Raúl Jiménez. Soy técnico en climatización y creo que encontré algo relacionado con sus hermanas. Hubo un silencio prolongado antes de que Carlos respondiera. Puede ser más específico. Encontré las cadenas de Isabela y Sofía, las que llevaban la noche que desaparecieron. ¿Dónde está usted ahora? Preguntó Carlos con voz tensa.
En mi casa, en la colonia Independencia. No se mueva de ahí. Estaré con usted en 30 minutos y no le diga a nadie más sobre esto. Carlos Eduardo Mendoza Herrera llegó exactamente 30 minutos después. A sus 30 años mostraba el desgaste de 6 años de búsqueda infructuosa. Su cabello negro tenía algunas canas prematuras y sus ojos reflejaban una determinación que no había disminuido con el tiempo. Raúl le mostró las cadenas y le explicó detalladamente dónde las había encontrado.
Carlos examinó cada detalle de los colgantes, confirmando que efectivamente pertenecían a sus hermanas. “Esta clínica, dijo Carlos, ¿hace cuánto tiempo trabaja ahí? Es la primera vez que voy. Normalmente mando a mis empleados, pero esta semana todos están ocupados. ¿Conoce al doctor Pereira? Solo de vista. Parece un hombre serio, respetado. Carlos guardó silencio durante varios minutos procesando la información. Finalmente habló. Raúl. Lo que encontró podría ser la primera pista real que tenemos en 6 años, pero también podría poner su vida en peligro.
¿Qué quiere decir? Si las cadenas están ahí, significa que alguien las escondió. Ese alguien no va a querer que las encuentren. Raúl sintió un escalofrío. ¿Qué hacemos entonces? Primero necesito que me diga exactamente qué vio en esa clínica. Cada detalle, cada persona con la que habló, cada conversación que escuchó. Durante la siguiente hora, Raúl relató minuciosamente su experiencia en la clínica. Carlos tomó notas detalladas haciendo preguntas específicas sobre la distribución del sótano, los empleados que vio y el comportamiento del doctor Pereira.
Una cosa más, dijo Carlos finalmente. ¿Alguien más sabe que encontró las cadenas? Nadie, solo usted. Perfecto, manténgalo así. Mañana voy a contactar al detective Salinas que llevó el caso original. Mientras tanto, no regrese a esa clínica bajo ninguna circunstancia. Joaquín Roberto Salinas Moreno había sido asignado al caso Mendoza cuando era detective principiante en la Policía Ministerial del Estado. Ahora, 6 años después, había ascendido a comandante, pero el caso de las gemelas seguía siendo una espina clavada en su carrera.
Al día siguiente, Carlos llegó a las oficinas de la Procuraduría Estatal con las cadenas cuidadosamente guardadas en una bolsa de evidencia improvisada. “Comandante Salinas, necesito hablar con usted sobre el caso de mis hermanas. ” Joaquín, un hombre de 42 años con 20 años de servicio policial, recibió a Carlos en su oficina. Había mantenido contacto esporádico con la familia Mendoza durante todos estos años. Carlos, ¿qué tiene para mí? Carlos colocó la bolsa sobre el escritorio del comandante. Un técnico encontró esto ayer en el sótano de la clínica Santa Teresa.
Joaquín examinó las cadenas con cuidado. Reconoció inmediatamente los colgantes que habían aparecido en todas las fotografías de la investigación original. ¿Estás seguro de que son las de Isabela y Sofía? Completamente seguro. Tienen el grabado que mi padre mandó hacer en 1995. El técnico que las encontró es confiable. Sí, se llama Raúl Jiménez. Trabaja por su cuenta. Tiene su propio negocio desde hace años. No tiene motivos para mentir. Joaquín se recostó en su silla procesando las implicaciones del hallazgo.
Carlos, esto cambia todo. Si las cadenas están en esa clínica, significa que alguien ahí está involucrado en la desaparición. Eso pensé. ¿Qué conoce sobre la clínica Santa Teresa? Es una clínica privada muy respetada. El Dr. Miguel Pereira es su director, tiene excelente reputación, atiende a las familias más prominentes de la ciudad. Necesitamos investigar. Lo haremos, pero con mucho cuidado. Si realmente están involucrados. Una investigación abierta podría destruir evidencia o poner en peligro a testigos. Joaquín llamó a su asistente.
Tráigame todo lo que tengamos sobre la clínica Santa Teresa. Y el doctor Miguel Pereira. Media hora después tenían sobre el escritorio un expediente básico. La clínica había sido fundada en 1995, dos años antes de la desaparición de las gemelas. Miguel Ángel Pereira Santos era su director desde la inauguración. Había estudiado medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León y posteriormente se especializó en cirugía general en Estados Unidos. Mire esto, señaló Joaquín en uno de los documentos. La clínica recibió una inversión significativa en abril de 1997.
Un mes después de la desaparición de sus hermanas, Carlos se acercó a leer 2 millones de pesos para ampliación de servicios y equipamiento. ¿De dónde salió ese dinero? según esto de un inversionista privado, pero no especifica quién, comandante, cuánto tiempo necesita para obtener una orden de cateo. Con esta evidencia puedo conseguirla hoy mismo, pero prefiero hacer primero una investigación discreta. Si entramos con todo ahora, podrían destruir evidencia importante. ¿Qué propone? Voy a poner vigilancia discreta en la clínica.
También voy a investigar los antecedentes de todos los empleados que trabajaban ahí en 1997. Mientras tanto, usted debe mantener absoluto silencio sobre esto. Carlos asintió. ¿Qué hacemos con Raúl Jiménez? Voy a hablar con él. Necesito su declaración oficial, pero también necesito que mantenga su rutina normal para no levantar sospechas. Esa tarde, Joaquín visitó a Raúl en su domicilio. El técnico relató nuevamente su experiencia, esta vez con el comandante tomando notas oficiales y grabando la conversación. Señor Jiménez, lo que encontró es evidencia crucial en un caso de desaparición.
Su cooperación es fundamental, pero también debo advertirle que podría correr peligro. ¿Qué tipo de peligro? Si las personas involucradas descubren que usted encontró las cadenas, podrían intentar silenciarlo. Raúl sintió un nudo en el estómago. ¿Qué debo hacer? Continúe su vida normal. No regrese a la clínica a menos que lo llamen para algún trabajo. Si eso ocurre, avíseme inmediatamente y no comente esto con nadie, ni siquiera con su familia. ¿Van a arrestar al doctor? Aún no sabemos si él está involucrado directamente.
Podría ser cualquier empleado de la clínica. Por eso necesitamos investigar cuidadosamente. Esa noche Carlos llamó a su padre. Alejandro Mendoza Vázquez había envejecido considerablemente en los últimos 6 años. Su imperio empresarial seguía funcionando, pero él había perdido mucha de su energía y motivación. Papá, tengo noticias sobre Isabela y Sofía. Alejandro dejó caer el periódico que estaba leyendo. ¿Qué tipo de noticias? Carlos le contó sobre el hallazgo de las cadenas, omitiendo algunos detalles para no crear falsas expectativas.
¿Crees que están vivas? Preguntó Alejandro con voz quebrada. No lo sé, papá, pero por primera vez en 6 años tenemos una pista real, algo que podría llevarnos hasta ellas. ¿Qué necesitas de mí? Solo que mantengas esto en secreto hasta que tengamos más información. Si los responsables se enteran de que estamos cerca, podrían desaparecer toda evidencia. Alejandro asintió. Haré lo que sea necesario para encontrar a mis niñas. El hallazgo de las cadenas había abierto una puerta que había permanecido cerrada durante 6 años.
Carlos sintió por primera vez desde 1997 que estaban cerca de descubrir la verdad sobre el destino de Isabela y Sofía. Al día siguiente, el comandante Joaquín Roberto Salinas Moreno revisó minuciosamente el expediente original del caso Mendoza. Los archivos ocupaban tres cajas completas con fotografías, declaraciones testimoniales, reportes forenses y seguimientos de pistas que nunca prosperaron. La investigación inicial había sido exhaustiva. Las gemelas, Isabela María y Sofía Carmen Mendoza Herrera salieron del concierto de Nirvana aproximadamente a las 23:15 horas del 15 de marzo de 1997.
Las últimas imágenes de las cámaras de seguridad las mostraban caminando hacia el estacionamiento, riendo y conversando con normalidad. Sus amigas declararon que se habían separado momentáneamente para usar los sanitarios. Cuando regresaron al punto de encuentro acordado, las gemelas ya no estaban. Su automóvil, un BMW rojo modelo 1996, permanecía en el estacionamiento con las llaves puestas y las puertas sin seguro. Detective Morales llamó Joaquín a su subordinado más confiable. Necesito que revise discretamente todos los empleados de la clínica Santa Teresa que trabajaban ahí en marzo de 1997.
Ricardo Morales había trabajado con Joaquín en docenas de casos durante los últimos 5 años. Era meticuloso y confiable. ¿Qué estamos buscando? Antecedentes penales, conexiones con el caso Mendoza, cualquier irregularidad, pero hazlo sin levantar sospechas. Usa contactos informales. A, mientras Ricardo iniciaba su investigación, Joaquín decidió visitar personalmente la clínica Santa Teresa. Llegó como paciente, fingiendo problemas de espalda que requerían evaluación médica. La recepcionista, una joven de unos 25 años, lo atendió cordialmente. ¿En qué podemos ayudarle? Necesito una consulta con un especialista.
Mi médico familiar me recomendó esta clínica. Perfecto. ¿Podría llenar estos formularios? Mientras completaba los documentos, Joaquín observó discretamente las instalaciones. La clínica era moderna y elegante, claramente dirigida a pacientes de alto nivel económico. Los pisos de mármol, los muebles de cuero y las obras de arte en las paredes reflejaban una inversión considerable. “El doctor Pereira puede atenderlo mañana a las 10 de la mañana”, informó la recepcionista. “Perfecto, el doctor Pereira es el director de la clínica.” “Sí.
es el director médico y propietario, un excelente profesional. De regreso a su oficina, Joaquín encontró el primer reporte de Ricardo. Comandante, encontré algo interesante sobre la clínica. ¿Qué tienes? En abril de 1997, un mes después de la desaparición de las Mendoza, la clínica contrató tres empleados nuevos, un guardia de seguridad, una enfermera auxiliar y un técnico de laboratorio. ¿Qué hay de especial en eso? El guardia de seguridad es Luis Fernando Torres Medina. Tiene antecedentes por lesiones y amenazas.
Estuvo en prisión entre 1994 y 1996. Joaquín revisó la hoja de antecedentes. Luis Fernando había sido arrestado por golpear gravemente a su exnovia y amenazar a la familia de ella. Cumplió 2 años de prisión y salió libre en febrero de 1996. ¿Dónde trabajaba Torres en marzo de 1997? Eso es lo extraño. No tengo registro de empleo entre su salida de prisión y su contratación en la clínica y las otras dos personas contratadas. La enfermera auxiliar es Marta Elena Villarreal Sánchez, sin antecedentes.
El técnico de laboratorio es José Luis Ramírez Cordero, también sin antecedentes penales. Joaquín estudió los documentos. Quiero que investigues más profundamente a Torres Medina. También necesito saber quién financió la ampliación de la clínica en abril de 1997. Esa tarde, Carlos Eduardo Mendoza se reunió con Joaquín para revisar los avances de la investigación. ¿Qué han encontrado? Varios elementos sospechosos. La clínica contrató personal nuevo justo después de la desaparición de sus hermanas, incluyendo un guardia con antecedentes violentos. ¿Cree que este guardia está involucrado?
Es posible, pero también hay aspectos financieros extraños. Alguien invirtió mucho dinero en la clínica inmediatamente después de marzo de 1997. Carlos se inclinó hacia delante. Mi padre siempre sospechó que el secuestro tuvo motivos económicos. Alguien que conociera nuestra situación financiera. ¿Su padre recibió alguna demanda de rescate? Nunca. Eso fue lo que más nos extrañó. Los secuestradores normalmente hacen contacto en las primeras 48 horas. Joaquín había revisado este aspecto múltiples veces durante la investigación original. La ausencia de demandas de rescate sugería tres posibilidades.
Las gemelas habían escapado por voluntad propia, habían sido asesinadas inmediatamente o los secuestradores tenían otros motivos además del dinero. Carlos, necesito preguntarle algo delicado. ¿Había algún problema en su familia que pudiera motivar a Isabela y Sofía a desaparecer voluntariamente? Absolutamente no. Mis hermanas eran felices, tenían novios. Estaban estudiando en la universidad, tenían planes para el futuro. Jamás habrían hecho sufrir así a mis padres. Problemas con drogas, deudas, amenazas, nada de eso. Eran chicas normales de su edad.
Salían con amigas, iban a conciertos, estudiaban. Sus únicas preocupaciones eran los exámenes finales y decidir qué carreras estudiar. Joaquín había escuchado estas respuestas 6 años antes, pero necesitaba confirmarlas nuevamente a la luz de la nueva evidencia. ¿Qué sabían sus hermanas sobre los negocios de su padre? Prácticamente nada. Papá nunca hablaba de trabajo en casa. Era muy protector con nosotros en ese sentido. ¿Conocían a los empleados, socios o competidores de su padre? solo superficialmente en reuniones familiares o eventos sociales, pero sin involucrarse en conversaciones de negocios.
Al día siguiente, Joaquín asistió a su cita médica en la clínica Santa Teresa. El Dr. Miguel Ángel Pereira Santos lo recibió puntualmente a las 10 de la mañana. Pereira era un hombre de estatura media, complexión delgada, cabello canoso, perfectamente peinado y modales refinados. vestía una bata médica impecable y hablaba con la confianza de quien ha construido una reputación sólida a lo largo de los años. Comandante Salinas, es un placer atenderlo. ¿En qué podemos ayudarlo? Joaquín fingió sorpresa.
¿Cómo sabe que soy comandante? Su nombre me resultó familiar. Creo que nos hemos cruzado en algunos eventos sociales. Monterrey es una ciudad grande, pero los círculos profesionales son pequeños. Durante la consulta médica, Joaquín observó cuidadosamente el comportamiento de Pereira. El doctor parecía genuinamente concentrado en el problema médico, haciendo preguntas pertinentes y realizando un examen físico profesional. Comandante, ¿necesita fisioterapia y algunos ejercicios específicos? Podemos programar las sesiones aquí mismo en la clínica. ¿Desde cuándo tiene esta clínica, doctor?
La inauguramos en 1995. Ha sido un proyecto muy gratificante. Comenzamos con servicios básicos y hemos ido creciendo gradualmente. Debe haber requerido una inversión considerable. Sí, pero ha valido la pena. Ahora atendemos a las mejores familias de la región. Joaquín detectó una leve tensión en la voz de Pereira al hablar sobre las inversiones, pero no podía estar seguro si era significativa. Doctor, ¿recuerda el caso de las gemelas Mendoza que desaparecieron en 1997? Pereira se detuvo momentáneamente antes de responder.
Por supuesto, fue un caso muy impactante para toda la ciudad. ¿Hay novedades en la investigación? Seguimos trabajando en ello. ¿Conocía usted a la familia Mendoza? Solo de reputación. Alejandro Mendoza es uno de los empresarios más prominentes de Monterrey. Tin nunca tuvo contacto profesional con la familia. No, que yo recuerde, aunque es posible que algunos miembros de la familia hayan sido pacientes de colegas míos. Joaquín terminó la consulta sin obtener información definitiva, pero había observado suficientes señales como para justificar una investigación más profunda.
Esa tarde, Ricardo Morales llegó con información adicional sobre Luis Fernando Torres Medina. Comandante, encontré algo interesante. Torres trabajó informalmente como seguridad en varios eventos durante 1996 y principios de 1997. ¿Qué tipo de eventos? con ciertos principalmente era contratado por una empresa de seguridad que ya no existe. Joaquín sintió que las piezas comenzaban a encajar. Trabajó en el concierto de Nirvana del 15 de marzo de 1997. Eso estoy tratando de confirmar. La empresa quebró en 1998 y sus archivos se perdieron, pero varios testigos confirman que Torres trabajaba regularmente en la Arena Monterrey.
¿Tienes la dirección actual de Torres? Sí. Vive en la colonia moderna, a 10 minutos de la clínica. Perfecto, mañana vamos a visitarlo. Joaquín sabía que se acercaban a territorio peligroso. Si Torres realmente estaba involucrado en el secuestro, una visita policial podría alertar a otros cómplices y poner en riesgo evidencia crucial. Esa noche llamó a Carlos Mendoza. Mañana vamos a hablar con una persona que podría tener información sobre sus hermanas. Quiero que esté preparado para cualquier tipo de noticia.
Buenas o malas noticias, no lo sé todavía, pero definitivamente estamos progresando. Carlos había esperado 6 años por este momento. La posibilidad de obtener respuestas reales sobre el destino de Isabela y Sofía lo llenaba de ansiedad y esperanza en igual medida. ¿Quiere que vaya con ustedes? No, es mejor que mantengamos esto como una investigación oficial. Si necesito su participación, lo llamaré. El caso que había permanecido estancado durante 6 años finalmente mostraba signos de movimiento. Joaquín sabía que las próximas 48 horas serían cruciales para determinar si estaban cerca de resolver uno de los crímenes más notorios en la historia reciente de Monterrey.
La mañana del 8 de mayo de 2003, Joaquín Roberto Salinas Moreno y Ricardo Morales se dirigieron al domicilio de Luis Fernando Torres Medina en la colonia moderna. La dirección correspondía a una casa pequeña, pero bien mantenida, con un jardín frontal cuidado y una camioneta pickup estacionada en la entrada. ¿Cómo quiere manejar esto?, preguntó Ricardo mientras observaban la casa desde su vehículo oficial. Vamos a presentarnos como parte de una investigación de rutina sobre empleados de empresas de seguridad, sin mencionar el caso Mendoza hasta que veamos su reacción.
Torres abrió la puerta vestido con pantalón de mezclilla y camisa de trabajo. Era un hombre corpulento de unos 40 años, con cicatrices visibles en los antebrazos y una actitud defensiva desde el primer momento. Policía ministerial, ¿qué quieren? Buenos días, señor Torres. Soy el comandante Salinas y él es el detective Morales. Estamos revisando archivos de empresas de seguridad privada. ¿Podríamos hacerle algunas preguntas? No he hecho nada malo. No dijimos que hubiera hecho algo malo. Solo necesitamos información para cerrar algunos expedientes.
Torres los dejó pasar a una sala modestamente amueblada. En las paredes había fotografías familiares y algunos diplomas de cursos de seguridad. Trabajó usted para seguridad integral del norte entre 1996 y 1997? preguntó Joaquín consultando una libreta. Sí, trabajé para varias empresas de seguridad en esos años. ¿Recuerda haber trabajado en eventos en la Arena Monterrey?”, Torres dudó antes de responder. Posiblemente trabajaba en muchos lugares. Específicamente el 15 de marzo de 1997 había un concierto de Nirvana. La expresión de Torres cambió notablemente.
No recuerdo fechas específicas. Eso fue hace muchos años. Señor Torres, esa noche desaparecieron dos jóvenes después del concierto, Isabela y Sofía Mendoza. ¿Recuerda el caso? Todo el mundo conoce ese caso. Salió en todos los periódicos durante meses. ¿Estuvo usted trabajando en la arena esa noche? Ya les dije que no recuerdo fechas específicas. Ricardo intervino. Tenemos testigos que lo ubican trabajando regularmente en la arena durante esa época. Torres se puso visiblemente nervioso. Miren, trabajé en muchos eventos. Si estuve ahí esa noche, era solo haciendo mi trabajo normal.
¿Cuál era exactamente su trabajo normal? Control de acceso, vigilancia del estacionamiento, apoyo general donde me necesitaran. ¿Vio algo inusual esa noche? No vi nada relacionado con esas muchachas. Si eso es lo que están preguntando. Joaquín notó que Torres había mencionado específicamente a esas muchachas sin que ellos hubieran dado detalles sobre las víctimas. ¿Cómo sabe que eran muchachas? Torres se dio cuenta de su error. ¿Por qué? Porque todo el mundo sabe que eran dos hermanas jóvenes. ¿Sabía usted que las gemelas eran hijas de Alejandro Mendoza Vázquez?
Todos sabían quién era su padre. es un hombre muy conocido. ¿Tuvo usted algún contacto con la familia Mendoza antes o después de esa noche? Yo, ¿cómo iba a tener contacto con gente como ellos? Soy un trabajador normal. Sin embargo, un mes después del concierto, usted comenzó a trabajar en la clínica Santa Teresa, que atiende precisamente a gente como ellos. Torres se levantó abruptamente. Creo que necesito un abogado. ¿Por qué necesitaría un abogado si solo estamos hablando sobre su trabajo de seguridad?
Porque me están haciendo sentir como si fuera sospechoso de algo. Joaquín decidió cambiar de táctica. Señor Torres, no lo estamos acusando de nada. Solo tratamos de reconstruir los eventos de esa noche. Muchas personas que trabajaron en la arena esa noche han sido útiles para nuestra investigación. Torres se relajó ligeramente. Está bien, pero ya les dije lo que sé. ¿Conoce al Dr. Miguel Pereira de la clínica Santa Teresa? Es mi jefe, un buen hombre, respetado. ¿Cómo consiguió el trabajo en la clínica?
Él me contactó. Dijo que necesitaba un guardia de seguridad confiable. ¿Por qué lo consideraría confiable si no lo conocía? Supongo que alguien lo recomendó. ¿Quién lo recomendó? No lo sé. El doctor nunca me dijo. Ricardo tomó notas detalladas de cada respuesta. ¿Qué hace exactamente en la clínica? Vigilancia general, control de acceso, asegurarme de que no entren personas no autorizadas. ¿Trabaja en todas las áreas de la clínica? En todas, excepto en las áreas médicas privadas. ¿Qué son las áreas médicas privadas?
Algunos consultorios y salas del sótano donde solo pueden entrar doctores y enfermeras autorizadas. Joaquín intercambió una mirada significativa con Ricardo. ¿Por qué existe esa restricción? Por confidencialidad médica, supongo. Hay pacientes importantes que necesitan privacidad absoluta. ¿Ha visto alguna vez a estos pacientes importantes? A veces cuando llegan o se van, pero no puedo hablar de eso. Firmé un acuerdo de confidencialidad. ¿Qué tipo de tratamientos reciben estos pacientes? No lo sé. Eso no es mi área. Después de 40 minutos de interrogatorio, Joaquín y Ricardo se despidieron de Torres, sin revelar la verdadera naturaleza de su investigación.
¿Qué opinas?, preguntó Ricardo una vez en el automóvil. Está mintiendo. Definitivamente sabe más de lo que dice sobre esa noche y lo de las áreas privadas de la clínica. Muy sospechoso. Necesitamos saber qué pasa en esas salas del sótano. De regreso a la oficina encontraron a Carlos Eduardo Mendoza esperándolos. ¿Cómo les fue con el guardia? Joaquín le resumió la conversación sin mencionar los detalles más comprometedores. Trabajaba en la arena esa noche, pero dice no recordar nada específico.
¿Le creen? No completamente, pero necesitamos más evidencia antes de presionarlo. Carlos había traído información adicional. Hablé con algunas amigas de Isabela y Sofía. Recordaron un detalle que no mencionaron en la investigación original. ¿Qué tipo de detalle? Esa noche, después del concierto, un hombre se acercó a mis hermanas ofreciéndoles una oportunidad de trabajo como modelos. Joaquín se enderezó en su silla. ¿Cómo era este hombre? bien vestido, de mediana edad, muy educado, les dio tarjetas de presentación y les dijo que trabajaba para una agencia de modelos.
¿Por qué las amigas no mencionaron esto antes? Dijeron que no le dieron importancia porque era común que hombres se acercaran a Isabela y Sofía ofreciéndoles este tipo de oportunidades. ¿Conservaron las tarjetas? No. Isabela y Sofía las guardaron. Las amigas podrían describir al hombre. Ya hablé con ellas. están dispuestas a trabajar con un retratista. Esta nueva información cambiaba significativamente la perspectiva del caso. Si un hombre había contactado específicamente a las gemelas esa noche, podría tratarse de un secuestro planificado en lugar de un crimen oportunista.
Carlos, necesito que coordine las entrevistas con las amigas para mañana y quiero que traigan todos los recuerdos que tengan de esa noche, sin importar qué tan insignificantes parezcan. Esa tarde, Joaquín decidió visitar nuevamente la clínica Santa Teresa, esta vez sin cita previa. Llegó cerca de las 6 de la tarde, cuando la mayoría de los pacientes ya se habían retirado. Patricia Guadalupe Ruiz Castillo, la enfermera jefe, estaba organizando expedientes en la recepción. Buenas tardes, comandante Salinas. ¿Cómo se siente después de la consulta con el doctor Pereira?
Mucho mejor, gracias. ¿Está el doctor disponible? ¿Se acaba de ir? ¿Necesita algo específico? Solo quería agradecerle personalmente por su atención. Se lo transmitiré. ¿Regresará para las sesiones de fisioterapia? Posiblemente. Esta es una clínica muy impresionante. ¿Desde cuándo trabaja usted aquí? Desde 1993, 2 años antes de que abriéramos oficialmente. Debe haber visto muchos cambios. Sí, hemos crecido considerablemente, especialmente después de 1997, cuando ampliamos los servicios. ¿Qué tipo de servicios agregaron? Principalmente cirugías especializadas y tratamientos de rehabilitación. ¿Por eso construyeron las salas adicionales en el sótano?
Patricia pareció sorprenderse por la pregunta. ¿Cómo sabe sobre las salas del sótano? Luis Torres me comentó que había áreas privadas para pacientes especiales. Ah, sí, son para pacientes que requieren absoluta discreción. ¿Qué tipo de pacientes necesitan tanta discreción? Personalidades públicas, políticos, empresarios, gente que no puede permitirse que se sepa sobre sus problemas médicos. Muchos pacientes como esos, no muchos, pero son los que más pagan. Joaquín sintió que Patricia era más comunicativa que Torres y decidió continuar con preguntas aparentemente inocentes.
El doctor Pereira maneja personalmente estos casos especiales. Sí, él y un par de especialistas de confianza. Especialistas externos. No trabajaban aquí tiempo completo, hasta hace un par de años. ¿Qué pasó hace un par de años? Patricia se dio cuenta de que había hablado más de la cuenta. Simplemente se fueron a otras oportunidades. Recuerda sus nombres. Lo siento, comandante, pero no puedo proporcionar información sobre el personal médico anterior sin autorización del Dr. Pereira. Joaquín no presionó más para no despertar sospechas.
Por supuesto, entiendo perfectamente. Al salir de la clínica, notó que Torres lo observaba desde la entrada trasera del edificio. Sus miradas se cruzaron brevemente antes de que el guardia desapareciera dentro del edificio. Esa noche, Joaquín compiló toda la información recolectada. Las piezas comenzaban a formar un patrón. Las gemelas habían sido contactadas por un desconocido la noche de su desaparición. Torres había trabajado en la arena esa noche y fue contratado en la clínica un mes después. La clínica había recibido financiamiento significativo en abril de 1997 y existían instalaciones privadas donde se realizaban tratamientos especiales para pacientes selectos.
La pregunta central seguía siendo, ¿dónde estaban Isabela y Sofía Mendoza? ¿Habían sido asesinadas inmediatamente o seguían vivas en algún lugar? El 9 de mayo de 2003, las cuatro amigas de Isabela y Sofía Mendoza llegaron a la Procuraduría para trabajar con el retratista oficial. Andrea Cecilia Vargas Morales, Carmen Elena Ruiz Jiménez, Paola Susana Torres González y Valeria Isabel Hernández Castro habían estado presentes en el concierto de Nirvana esa fatídica noche. “Queremos ayudar en todo lo posible”, declaró Andrea, quien había sido la más cercana a las gemelas.
Nos hemos sentido culpables todos estos años por no haber hecho más esa noche. El retratista forense Arturo Delgado Ramírez tenía 20 años de experiencia creando retratos hablados. Trabajó pacientemente con cada una de las jóvenes, ahora de 24 años para reconstruir la imagen del hombre que había contactado a Isabela y Sofía. Era un hombre distinguido, recordó Carmen Elena como de 45 años, cabello canoso pero abundante, bien peinado. Vestía traje oscuro, muy elegante”, añadió Paola. Hablaba con acento refinado, como de persona educada.
“Lo que más recuerdo son sus manos”, comentó Valeria. tenía manos muy cuidadas como de médico o abogado. Después de dos horas de trabajo, el retratista había creado un retrato detallado. El hombre representado tenía características aristocráticas, facciones angulosas y una expresión confiada. Joaquín estudió el retrato cuidadosamente. Los rasgos le parecían vagamente familiares, pero no podía ubicar exactamente dónde había visto esa cara. ¿Recuerdan exactamente qué les dijo a Isabela y Sofía? Que representaba una agencia de modelos muy exclusiva”, respondió Andrea, que buscaba chicas con el perfil exacto de las gemelas para una campaña publicitaria importante.
Mencionó el nombre de la agencia, algo como modelos élite internacional o algo similar. Les dijo cuando las contactaría, que las llamaría en los próximos días para programar una sesión de fotos. Carlos Eduardo Mendoza, quien había observado silenciosamente durante las entrevistas, se acercó al retrato. Este hombre me parece conocido, pero no puedo recordar de dónde. Podría ser alguien relacionado con los negocios de su padre. Posiblemente. Mi padre conoce a cientos de empresarios, médicos, abogados. Este hombre podría ser cualquiera de ellos.
Joaquín decidió mostrar el retrato a Alejandro Mendoza Vázquez. El magnate empresarial los recibió en su oficina privada, un espacio elegante en el piso 30 de la Torre Mendoza, en el centro de Monterrey. “Señor Mendoza, ¿reconoce a este hombre?”, preguntó Joaquín mostrándole el retrato. Alejandro estudió la imagen durante varios minutos. Los rasgos me resultan familiares, pero no puedo identificarlo con certeza. Podría ser alguien de su círculo social o profesional. Es posible. En mi posición conoces a mucha gente a lo largo de los años.
Alguien que pudiera tener motivos para lastimar a su familia. He tenido competidores y adversarios comerciales, pero nada que justificara algo tan extremo. Sudir. Problemas financieros, deudas, socios descontentos. Nada significativo. Mis negocios estaban sólidos en 1997. Carlos había preparado una lista de preguntas adicionales. Papá, ¿recibiste alguna propuesta extraña en las semanas posteriores a la desaparición de Isabela y Sofía? ¿Qué tipo de propuesta? Inversiones, sociedades, cualquier cosa que pareciera aprovecharse de la situación. Alejandro reflexionó cuidadosamente. Hubo algunas ofertas de compra para algunas propiedades, pero las rechacé porque no estaba en condiciones emocionales para tomar decisiones importantes.
¿Quién hizo esas ofertas? Varios grupos inversores. No recuerdo nombres específicos. Joaquín sabía que necesitaban información más específica. Conserva documentos de esas ofertas. Mi contador y mi abogado manejaron todo eso. Pueden revisar los archivos si es necesario. Esa tarde Joaquín visitó las oficinas del contador Luis Enrique Vega Martínez, quien había manejado las finanzas de la familia Mendoza durante más de 15 años. “Comandante, por supuesto que recuerdo esa época”, dijo Vega. “Don Alejandro recibió múltiples ofertas de compra en abril y mayo de 1997.
¿Qué tipo de ofertas? principalmente para sus terrenos en San Pedro Garza García y algunas propiedades comerciales en el centro. Eran ofertas atractivas, demasiado atractivas. Ofrecían precios muy por encima del valor de mercado. ¿Eso le pareció sospechoso? Extremadamente sospechoso. Le recomendé a don Alejandro que no aceptara ninguna. ¿Quiénes hicieron las ofertas? Vega consultó sus archivos. Varias empresas, Desarrollos Inmobiliarios del Norte, Inversiones Santa Teresa, Grupo Médico Especializado. Joaquín se detuvo al escuchar Inversiones Santa Teresa. ¿Esa empresa tiene relación con la clínica Santa Teresa?
No lo sé. Solo manejé los documentos de la oferta. ¿Conserva esos documentos? Por supuesto, guardo todos los archivos importantes. Vega le proporcionó copias de todas las ofertas de compra recibidas en los meses posteriores a la desaparición. Joaquín notó inmediatamente que varias ofertas estaban firmadas por Dr. Miguel Ángel Pereira Santos como representante legal de diferentes empresas. De regreso a la procuraduría, Joaquín llamó inmediatamente a Ricardo Morales. Ricardo, necesito que investigues estas empresas inmediatamente. Desarrollos Inmobiliarios del Norte, Inversiones Santa Teresa y Grupo Médico Especializado.
¿Qué estamos buscando? Ah, conexiones con el doctor Miguel Pereira y la clínica Santa Teresa. ¿Cuánto tiempo tengo? Lo necesito para mañana temprano. Mientras Ricardo iniciaba su investigación, Joaquín decidió confrontar directamente al doctor Pereira. Lo llamó a la clínica. Doctor, necesito verlo urgentemente sobre un asunto oficial. Ha ocurrido algo, comandante. Prefiero hablar personalmente. ¿Podría esperarme en su oficina? Por supuesto. Lo espero aquí. Joaquín llegó a la clínica acompañado de dos detectives adicionales. Patricia Ruiz los recibió con evidente nerviosismo.
El doctor lo está esperando en su oficina. Miguel Ángel Pereira los recibió con su habitual cortesía profesional, pero Joaquín detectó tensión en sus modales. Comandante, ¿en qué puedo ayudarlo? Joaquín colocó los documentos de las ofertas inmobiliarias sobre el escritorio de Pereira. Doctor, ¿puede explicarme por qué firmó múltiples ofertas de compra para propiedades de Alejandro Mendoza en abril de 1997? Pereira examinó los documentos con cuidado antes de responder. Represento varios grupos de inversores. Es normal que haga ofertas en nombre de mis clientes.
Clientes que estaban interesados en comprar propiedades justo después de la desaparición de las hijas de Mendoza. La oportunidad de inversión no tenía relación con los problemas personales de la familia Mendoza. ¿No le parece una coincidencia extraordinaria? Los negocios continúan independientemente de las tragedias personales. Joaquín mostró el retrato hablado. Doctor, reconoce a este hombre. Pereira estudió el retrato durante varios segundos. No me resulta familiar. Este hombre contactó a Isabela y Sofía Mendoza la noche de su desaparición, ofreciéndoles trabajo como modelos.
No entiendo qué tiene que ver conmigo. Varias personas han comentado que los rasgos de este hombre se parecen a los suyos. Pereira se mostró visiblemente molesto. Comandante, eso es una acusación muy seria. Espero que tenga evidencia sólida antes de insinuar que estoy involucrado en la desaparición de esas jóvenes. Solo estoy investigando todas las conexiones posibles. ¿Qué tipo de conexiones? Un guardia que trabajaba en la arena la noche del secuestro y que ahora trabaja para usted. Ofertas de compra inmobiliarias oportunistas, inversiones significativas en su clínica justo después de la desaparición.
Pereira se levantó de su silla. Comandante, creo que esta conversación ha llegado demasiado lejos. A menos que tenga una orden judicial específica, le voy a pedir que se retire de mi clínica. Doctor, nadie lo está acusando de nada, solo busco información. Busque información en otra parte y la próxima vez que quiera hablar conmigo, hágalo a través de mi abogado. Joaquín sabía que había presionado tanto como podía, sin evidencia más sólida. Muy bien, doctor, pero esta investigación continuará.
Al salir de la clínica, notó que Luis Fernando Torres los observaba desde el estacionamiento. Esta vez el guardia no intentó esconderse. ¿Qué opinas?, preguntó uno de los detectives. Pereira está involucrado hasta el cuello, pero es inteligente y está bien preparado. ¿Qué hacemos ahora? Esperamos el reporte de Ricardo sobre esas empresas y comenzamos vigilancia a las 24 horas de la clínica. Esa noche, Carlos Eduardo Mendoza visitó a Joaquín en su oficina. Comandante, siento que estamos muy cerca de algo importante.
Yo también lo siento, Carlos, pero Pereira es cauteloso. No va a cometer errores fáciles. ¿Qué necesita de mí? Que mantenga a su padre informado, pero sin crear expectativas excesivas. Si Pereira está involucrado, probablemente sus hermanas. Carlos lo interrumpió. Lo sé. Después de 6 años, estoy preparado para cualquier respuesta. ¿Realmente está preparado? Necesito saber qué pasó con Isabela y Sofía. Sin importar cuál sea la verdad. Joaquín admiró la determinación de Carlos. Después de 6 años de búsqueda incansable.
Merecía respuestas, aunque fueran dolorosas. La investigación había llegado a un punto crucial. Tenían sospechas fundadas, pero necesitaban evidencia definitiva para proceder contra Pereira y sus posibles cómplices. El 10 de mayo de 2003, Ricardo Morales llegó temprano a la oficina con información crucial sobre las empresas vinculadas al Dr. Pereira. “Comandante, encontré conexiones muy interesantes”, anunció Ricardo desplegando documentos sobre el escritorio. ¿Qué tienes? Desarrollos Inmobiliarios del Norte, Inversiones Santa Teresa y Grupo Médico Especializado son prácticamente la misma empresa, comparten la misma dirección fiscal, el mismo representante legal y los mismos socios mayoritarios.
¿Quiénes son los socios? Miguel Ángel Pereira Santos controla el 60% de las acciones. El 40% restante pertenece a una empresa offshore en las Islas Caimán. Coaquín estudió los documentos. Pudiste identificar a los verdaderos propietarios de la empresa offshore? Eso va a tomar más tiempo. Pero encontré algo igual de interesante. ¿Qué? En abril de 1997, estas tres empresas recibieron transferencias bancarias por un total de 8 millones de pesos desde una cuenta en Suiza, justo después de la desaparición de las gemelas.
Exactamente. Las transferencias se hicieron el 18 de abril, 34 días después del secuestro. Joaquín sintió que finalmente tenían evidencia sólida de actividad financiera sospechosa. ¿Hay registro del origen de esas transferencias? El banco suizo reportó que provenían de una cuenta privada, pero no proporcionaron el nombre del titular por las leyes de privacidad bancaria. ¿Podríamos conseguir esa información a través de canales oficiales? Necesitaríamos una orden judicial internacional. podría tomar meses. Joaquín sabía que no tenían meses. Si Pereira sospechaba que estaban cerca de descubrir la verdad, podría eliminar evidencia crucial o incluso huir del país.
Ricardo, quiero vigilancia completa de la clínica. Turnos de 24 horas, registro de todas las entradas y salidas. Personal encubierto. Sí. Y también vigilancia de la residencia de Pereira y de Luis Torres. Esa mañana, Joaquín decidió consultar con el procurador estatal sobre la posibilidad de obtener órdenes de cateo para la clínica. Comandante, la evidencia que tiene es circunstancial, explicó el licenciado Roberto Martínez Sandoval. Necesitamos algo más concreto para justificar un cateo. Las transferencias bancarias no son suficientes. Son sospechosas, pero no prueban directamente que Pereira esté involucrado en el secuestro.
Y si conseguimos que Torres coopere, eso cambiaría todo, pero necesita ofrecerle algo atractivo a cambio de su testimonio. Joaquín sabía que persuadir a Torres sería difícil. El guardia había demostrado lealtad hacia Pereira y parecía genuinamente temeroso de las consecuencias de hablar. Esa tarde decidió intentar una aproximación diferente. Visitó a Torres en su casa acompañado únicamente de Ricardo, sin uniformes oficiales ni vehículos marcados. “Señor Torres, no vinimos a arrestarlo. Vinimos a ofrecerle una oportunidad.” Torres los invitó a pasar con evidente reluctancia.
¿Qué tipo de oportunidad? Sabemos que usted no es el cerebro de esta operación. Sabemos que está siguiendo órdenes de alguien más. No sé de qué están hablando, Torres. Encontramos las cadenas de Isabela y Sofía escondidas en el sótano de la clínica. Sabemos que usted trabajaba en la arena la noche del secuestro. Sabemos sobre las transferencias bancarias millonarias que recibió Pereira después de la desaparición. Torres permaneció callado, pero su expresión delataba creciente nerviosismo. Si coopera con nosotros ahora, podemos protegerlo.
Si esperamos hasta que tengamos evidencia suficiente para arrestar a Pereira, usted será procesado como cómplice principal. ¿Qué quieren que haga? Que nos diga exactamente qué pasó la noche del 15 de marzo de 1997. Torres se levantó y caminó hacia la ventana, observando la calle durante varios minutos antes de hablar. No puedo hacerlo. Mi familia corre peligro. ¿Qué tipo de peligro? Pereira no es el único involucrado. Hay otras personas, gente poderosa. ¿Quiénes son esas personas? No puedo decirlo.
Si hablo mi esposa y mis hijos. Joaquín se acercó a Torres. Luis, si no detenemos a estas personas ahora, van a seguir lastimando gente inocente y cuando finalmente los arrestemos, usted va a ser culpado por todo. Pueden garantizar la seguridad de mi familia. Podemos ponerlos en un programa de protección de testigos. Torres consideró la oferta durante varios minutos. Finalmente habló. Necesito tiempo para pensarlo. ¿Cuánto tiempo? Hasta mañana, Torres. Cada hora que pasa es una hora más que Pereira tiene para destruir evidencia o planear su escape.
Mañana les daré una respuesta mañana. Joaquín sabía que no podía presionar más sin arriesgarse a que Torres alertara a Pereira sobre la investigación. Esa noche, Carlos Eduardo Mendoza visitó la oficina de Joaquín con noticias inquietantes. Comandante, alguien ha estado vigilando la casa de mi padre. ¿Qué tipo de vigilancia? Un automóvil con vidrios polarizados ha estado estacionado en la esquina durante los últimos dos días. Cuando mis guardias se acercan, se va. Obtuvieron las placas. Sí, pero el auto está registrado a nombre de una empresa que no existe.
Joaquín sintió que la situación se estaba volviendo peligrosa. Carlos, necesito que su familia tome precauciones extremas. Guardias adicionales, cambios de rutina, no salir solos. Cree que van a intentar lastimarnos. Si Pereira está involucrado en el secuestro de sus hermanas y si sabe que estamos cerca de descubrirlo, podría intentar eliminar testigos o usar a su familia como palanca de negociación. ¿Qué podemos hacer? Mantenerse alerta y reportar cualquier actividad sospechosa inmediatamente. Al día siguiente, Joaquín regresó a Casa de Torres para obtener su respuesta.
Encontró la casa vacía. Los vecinos informaron que la familia Torres había salido muy temprano con maletas, como si fueran de viaje. “¿Dijeron cuándo regresarían?”, preguntó Joaquín a una vecina. No dijeron nada, pero Luis parecía muy nervioso. Joaquín sabía que había perdido su oportunidad con Torres. El guardia había decidido huir en lugar de cooperar con la investigación. De regreso a la oficina encontró a Ricardo con malas noticias adicionales. Comandante, la vigilancia de la clínica reporta actividad inusual. ¿Qué tipo de actividad?
Pereira llegó a las 5 de la mañana con varios hombres. Estuvieron moviendo cajas del sótano a una camioneta. Obtuvieron las placas de la camioneta. Sí, pero está registrada a nombre de otra empresa fantasma. Joaquín sabía que Pereira estaba eliminando evidencia. Necesitaban actuar rápidamente antes de que toda la evidencia desapareciera. Ricardo consigue una orden de cateo de emergencia. Usa la desaparición de Torres como justificación para riesgo de destrucción de evidencia. Y si el juez no la autoriza, entonces vamos a tener que usar métodos menos ortodoxos.
Dos horas después, Ricardo regresó con malas noticias. El juez denegó la solicitud. Dice que la huida de Torres no constituye evidencia suficiente de actividad criminal en la clínica. Joaquín sabía que estaban perdiendo tiempo valioso. Cada hora que pasaba, Pereira tenía más oportunidades de destruir evidencia o escapar. ¿Qué alternativas tenemos? Podríamos intentar infiltrar la clínica. Tengo un contacto que podría conseguir trabajo ahí como empleado de limpieza. Hazlo. Necesitamos saber qué está pasando en esas salas del sótano. Esa tarde, Raúl Armando Jiménez López, el técnico que había encontrado las cadenas, llamó a Joaquín con información preocupante.
Comandante, alguien intentó entrar a mi casa anoche. ¿Vio quién era? No, claramente, pero era alguien profesional. No forzó la puerta ni rompió ventanas. Intentó entrar sin hacer ruido. Notó si faltaba algo? Revisé toda la casa. No se llevaron nada, pero alguien definitivamente estuvo ahí. Raúl, necesito que se vaya de su casa inmediatamente. Vayan a un hotel y no le diga a nadie dónde está. Tan peligroso es esto. Muy peligroso. Estas personas ya han matado antes y no van a dudar en hacerlo de nuevo.
La investigación había llegado a un punto crítico. Pereira sabía que estaban cerca y había comenzado a tomar medidas desesperadas para protegerse. La siguiente fase sería una carrera contra el tiempo para reunir evidencia suficiente antes de que el doctor y sus cómplices destruyeran todas las pruebas o escaparan de la justicia. El 12 de mayo de 2003, Alberto Ramírez Soto, el contacto de Ricardo, que había conseguido trabajo como empleado de limpieza en la clínica Santa Teresa, realizó su primer reporte desde el interior de las instalaciones.
Detective Morales, conseguí acceso al sótano durante el turno nocturno, informó Alberto por teléfono desde una caseta pública. ¿Qué encontraste? Hay tres salas que estaban selladas hasta hace dos días. Ahora están vacías, pero se nota que removieron equipos pesados recientemente. ¿Qué tipo de equipos? Por las marcas en el piso. Parecían camas médicas o camillas. También había conexiones eléctricas para equipos médicos especializados. ¿Algo más? Encontré esto en una esquina. Alberto describió un pequeño objeto. Parece un botón de camisa o blusa.
Está manchado con algo que podría ser sangre. Joaquín sabía que finalmente tenían evidencia física que podría vincular la clínica con los crímenes. Alberto, necesito que salgas de ahí inmediatamente y nos traigas ese botón. No debo seguir trabajando ahí. Es muy peligroso. Si Pereira descubre que eres policía, tu vida corre peligro. Una hora después, Alberto llegó a la procuraduría con el botón cuidadosamente guardado en una bolsa de plástico. Era un botón pequeño, aparentemente de nar, con manchas oscuras que podrían ser sangre seca.
¿Las gemelas llevaban blusas con este tipo de botones la noche que desaparecieron? Preguntó Joaquín a Carlos Eduardo Mendoza. Carlos examinó cuidadosamente el botón. Sí. Isabela llevaba una blusa blanca con botones exactamente como este. ¿Estás seguro? Completamente seguro. Yo mismo le regalé esa blusa para su cumpleaños número 18. Joaquín envió inmediatamente el botón al laboratorio forense para análisis de ADN. Los resultados estarían listos en 48 horas. Mientras esperaban los resultados forenses, Ricardo había continuado investigando los movimientos financieros de Pereira.
Comandante, encontré algo muy importante. ¿Qué tienes? Pereira ha estado liquidando activos durante los últimos tres días. Vendió sus acciones en dos empresas y retiró más de 3 millones de pesos de sus cuentas bancarias. ¿Está preparándose para huir? Sí, definitivamente. También compró boletos de avión para él y su familia. ¿Con destino a dónde? España. El vuelo sale mañana por la noche. Joaquín sabía que tenían menos de 24 horas para detener a Pereira antes de que escapara del país.
¿Podemos bloquear el vuelo? Necesitaríamos una orden judicial. Y los jueces no van a autorizar detener a alguien solo por comprar boletos de avión. Y si presentamos toda la evidencia circunstancial junta, podríamos intentarlo, pero es arriesgado. Si el juez dice no, Pereira va a saber que estamos a punto de arrestarlo. Joaquín tomó una decisión arriesgada. Vamos a confrontar directamente a Pereira. Si realmente está involucrado, su reacción nos dará la evidencia que necesitamos. Esa tarde, Joaquín llegó a la clínica acompañado de cuatro detectives.
Patricia Ruiz los recibió con evidente nerviosismo. El doctor Pereira está disponible, preguntó Joaquín. Está está en una cirugía importante. Esperaremos. Podría tomar varias horas. No tenemos prisa. Patricia desapareció en el interior de la clínica, obviamente para alertar a Pereira sobre la presencia policial. 20 minutos después, Pereira apareció vestido con ropa de calle en lugar de bata médica. Comandante, ¿en qué puedo ayudarlo? Doctor, necesitamos hablar privadamente sobre algunos hallazgos recientes en nuestra investigación. Prefiero que mi abogado esté presente.
Por supuesto. ¿Cuánto tiempo necesita para que llegue? Una hora aproximadamente. Joaquín sabía que Pereira estaba ganando tiempo. Mientras tanto, necesito que nos permita revisar las salas del sótano. ¿Tiene una orden judicial? La estamos tramitando, pero su cooperación voluntaria sería muy apreciada. Sin orden judicial no pueden revisar nada. Doctor, sabemos sobre las transferencias bancarias de abril de 1997. Sabemos sobre Luis Torres. Sabemos sobre las salas privadas del sótano. Pereira mantuvo la compostura. No tengo idea de qué está hablando.
Joaquín decidió jugar su carta más fuerte. Doctor, encontramos un botón de la blusa de Isabela Mendoza en su sótano. Por primera vez, Pereira mostró una reacción visible, un ligero temblor en sus manos y una palidez súbita. Eso es imposible. ¿Por qué es imposible, doctor? Pereira se dio cuenta de su error. ¿Por qué? Porque esas jóvenes nunca estuvieron en mi clínica. ¿Cómo puede estar tan seguro de que nunca estuvieron aquí si supuestamente no sabe nada sobre su desaparición?
Pereira guardó silencio durante varios segundos. Creo que debería llamar a mi abogado ahora mismo. Por supuesto, pero mientras tanto, vamos a necesitar que permanezca aquí para responder algunas preguntas adicionales. ¿Me están arrestando? No, todavía. Pero tampoco puede irse hasta que lleguemos al fondo de este asunto. Pereira parecía cada vez más nervioso. Necesito usar el baño. Por supuesto, el detective Morales lo acompañará. Ricardo siguió a Pereira hacia los sanitarios, pero el doctor logró eludirlo momentáneamente. Cuando Ricardo entró al baño, encontró la ventana abierta y a Pereira escapando por el patio trasero de la clínica.
Se está escapando”, gritó Ricardo por radio. Joaquín y los otros detectives corrieron hacia la parte trasera del edificio, pero Pereira ya había desaparecido en las calles adyacentes. “¿Cómo se nos escapó?”, preguntó Joaquín furioso. Conoce perfectamente la zona. Debe tener rutas de escape planificadas. Joaquín sabía que ahora tenían evidencia suficiente para obtener órdenes de arresto y cateo. La huida de Pereira era una admisión tácita de culpabilidad. Ricardo, consigue las órdenes inmediatamente. Quiero cateos simultáneos de la clínica, la casa de Pereira y cualquier otra propiedad vinculada a él.
Y si ya está camino al aeropuerto, pon alerta en todos los aeropuertos, cruces fronterizos y estaciones de autobuses. Nadie sale del estado sin que lo sepamos. Dos horas después, Ricardo regresó con las órdenes judiciales. El juez autorizó todo. Cateos, arrestos, interceptación de comunicaciones. Perfecto. Organiza tres equipos, uno para la clínica, uno para su casa y uno para vigilar el aeropuerto. El cateo de la clínica Santa Teresa comenzó inmediatamente. En el sótano, los investigadores encontraron evidencia crucial que Pereira no había logrado eliminar completamente.
“Comandante, mire esto.” Llamó uno de los técnicos forenses. Había encontrado rastros de sangre en el sistema de drenaje de una de las salas del sótano. ¿Pueden determinar si es sangre humana? Sí, y también podemos hacer análisis de ADN. En otra sala encontraron residuos de medicamentos anestésicos y equipos médicos que habían sido removidos apresuradamente. ¿Qué tipo de procedimientos se realizaban aquí? Preguntó Joaquín. Por los residuos químicos y la configuración del drenaje, parece que se realizaban cirugías mayores. El cateo de la residencia de Pereira reveló información igualmente comprometedora.
En su estudio privado encontraron documentos que detallaban transacciones financieras internacionales y correspondencia con contactos en España. Más importante aún, encontraron fotografías de Isabela y Sofía Mendoza tomadas después del concierto, seguidas de cerca por un hombre que coincidía perfectamente con el retrato hablado. Pereira estaba siguiendo a las gemelas, preguntó Ricardo. Parece que el secuestro fue planificado cuidadosamente. No un crimen oportunista. En una caja fuerte oculta detrás de un cuadro, los investigadores encontraron más de 2 millones de pesos en efectivo y documentos de identidad falsos con el nombre de Pereira, pero con fotografías diferentes.
“Definitivamente estaba preparado para huír”, comentó Joaquín. El hallazgo más impactante llegó cuando los técnicos revisaron una computadora personal de Pereira. En el disco duro encontraron videos y fotografías que documentaban procedimientos médicos realizados en personas que parecían estar inconscientes. “Comandante, necesita ver esto”, llamó el especialista en computadoras con voz temblorosa. Las imágenes mostraban a Pereira realizando cirugías en lo que parecían ser jóvenes mujeres inconscientes. Aunque las caras no eran claramente visibles debido a la calidad de las imágenes, los cuerpos y características físicas coincidían con las descripciones de Isabela y Sofía Mendoza.
¿Cuándo fueron tomadas estas imágenes? Los metadatos indican fechas entre marzo y junio de 1997. Joaquín sintió una mezcla de horror y satisfacción. Finalmente tenían evidencia directa que vinculaba a Pereira con el destino de las gemelas Mendoza. La pregunta que quedaba era, ¿dónde estaba Miguel Ángel Pereira Santos ahora y qué había sido exactamente del destino final de Isabela y Sofía? El 13 de mayo de 2003, a las 6 de la mañana, todas las fuerzas policiales del estado de Nuevo León habían sido alertadas sobre la búsqueda de Miguel Ángel Pereira Santos.
Su fotografía fue distribuida en aeropuertos, estaciones de autobús, cruces fronterizos y todas las dependencias de seguridad. Comandante, tenemos un reporte”, informó Ricardo Morales por radio. Un taxista dice que recogió a un hombre que coincide con la descripción de Pereira cerca de la clínica ayer por la tarde. ¿A dónde lo llevó? “A un hotel en el centro de la ciudad, hotel colonial. ” Joaquín organizó rápidamente un operativo para revisar el hotel. llegó con ocho elementos, rodearon el edificio y se prepararon para un posible enfrentamiento.
El gerente del hotel, un hombre de 60 años llamado Fernando Castañeda Morales, cooperó inmediatamente con la investigación. Sí, se registró un hombre con esa descripción ayer por la tarde. Habitación 412. Pagó en efectivo por tres noches. Sigue en la habitación. No lo he visto salir, pero no podría asegurarlo. Joaquín y su equipo subieron cautelosamente al cuarto piso. La habitación 412 estaba al final del pasillo con ventanas que daban a un callejón trasero. “Doctor Pereira”, gritó Joaquín golpeando la puerta.
“Somos de la policía ministerial. Necesitamos hablar con usted.” No hubo respuesta. Después de anunciar su intención tres veces, Joaquín autorizó que forzaran la puerta. La habitación estaba vacía, pero mostraba signos de ocupación reciente. La cama estaba deshecha, había ropa en el closet y artículos de aseo en el baño. Sobre la mesa de noche encontraron un mapa de la ciudad con rutas marcadas hacia diferentes salidas de Monterrey. Se fue hace poco tiempo, observó uno de los detectives. El café de la mesa aún está tibio.
En el cesto de basura encontraron un boleto de autobús con destino a Ciudad de México, pero la fecha y hora habían sido alteradas deliberadamente. Es una pista falsa, determinó Joaquín. Quiere que pensemos que se fue a la capital. El análisis más detallado de la habitación reveló cabello en la almohada que coincidía con el de Pereira, confirmando que había estado ahí. También encontraron un teléfono celular aparentemente olvidado debajo de la cama. ¿Por qué dejaría su teléfono?, preguntó Ricardo.
Porque sabe que podemos rastrearlo o porque quiere que lo encontremos. El especialista en electrónicos revisó el teléfono inmediatamente. Comandante, hay llamadas recientes muy interesantes. ¿Qué tipo de llamadas? Tres llamadas a un número en España en las últimas 6 horas y una llamada a un número local que no está identificado. ¿Puedes rastrear los números? El de España va a tomar tiempo a través de canales internacionales, en lo puedo rastrearlo ahora mismo. 10 minutos después, el técnico tenía los resultados.
El número local corresponde a una casa en el municipio de García, a 30 km de aquí. Joaquín sabía que García era un área semirural con muchos ranchos y propiedades aisladas. Sería el lugar perfecto para esconderse temporalmente. ¿De quién es la propiedad? Está registrada a nombre de Elena Patricia Vázquez Herrera. El nombre les resultó familiar. Después de revisar los archivos, descubrieron que Elena era hermana de Patricia Guadalupe Ruiz Castillo, la enfermera jefe de la clínica. La enfermera está ayudando a Pereira a esconderse, concluyó Ricardo.
O está siendo coaccionada. Necesitamos actuar rápidamente antes de que escape nuevamente. El operativo hacia García requirió coordinación con las autoridades municipales locales. Joaquín organizó un cerco de seguridad alrededor de la propiedad rural para evitar que Pereira escapara hacia los cerros circundantes. La casa era una construcción modesta, rodeada de terreno árido y algunos árboles. Había dos vehículos estacionados, una camioneta pickup vieja y un sedán que coincidía con la descripción del automóvil que Pereira había rentado días atrás. ¿Cuántos ocupantes?, preguntó Joaquín al oficial de reconocimiento.
Detectamos movimiento de por lo menos tres personas dentro de la casa. Están armados. No podemos confirmarlo desde esta distancia. Joaquín decidió intentar primero la negociación antes de un asalto directo. Usando un megáfono, se dirigió hacia la casa. Dr. Miguel Ángel Pereira Santos. Soy el comandante Joaquín Salinas de la Policía Ministerial. Sabemos que está en la casa. Necesitamos que salga con las manos arriba. Hubo silencio durante varios minutos antes de que una voz femenina respondiera desde el interior.
Mi hermana no ha hecho nada malo. Era Patricia Ruiz, la enfermera de la clínica. Patricia, sabemos que está ayudando al doctor Pereira. Si coopera con nosotros ahora, podemos protegerla. Él me obligó a ayudarlo. Amenazó a mi familia. El doctor Pereira está ahí con usted, hubo una pausa prolongada. Sí, pero está herido. ¿Qué tipo de herida? Se lastimó cuando escapó de la clínica. Creo que se quebró la pierna. Joaquín se dio cuenta de que Pereira podría estar desesperado y peligroso si estaba herido y acorralado.
Patricia, necesitamos que salga de la casa junto con su hermana. Vamos a garantizar su seguridad. No puedo. Él dice que nos va a matar si lo traicionamos. Patricia, tenemos la casa rodeada. El doctor no puede escapar. Si salen ahora, nadie resultará herido. Después de 20 minutos de negociación, Patricia Ruiz y su hermana Elena salieron de la casa con las manos arriba. Patricia lloraba desconsoladamente. Por favor, no nos lastimen. Solo tratábamos de ayudar. Joaquín las tranquilizó. Nadie las va a lastimar.
El doctor Pereira sigue adentro. Sí, en la habitación del fondo tiene una pistola. Esta información cambió completamente la situación. Joaquín ordenó que todos los elementos se pusieran sus chalecos antibalas y se prepararan para un posible enfrentamiento armado. Dr. Pereira, gritó nuevamente con el megáfono. Sabemos que está armado. No queremos que nadie resulte herido. Salga con las manos arriba y podemos resolver esto pacíficamente. La respuesta llegó en forma de un disparo que rompió una ventana de la casa.
No voy a ir a prisión”, gritó Pereira desde el interior. “Ustedes no entienden lo que realmente pasó. Doctor, explíquenos qué pasó. Estamos dispuestos a escucharlo. Isabela y Sofía están vivas. No las maté.” Esta declaración sorprendió a todos los elementos policiales. ¿Dónde están las gemelas? “Usted en España. Las envía a España. ¿Por qué las secuestró?” Hubo silencio durante varios minutos antes de que Pereira respondiera con voz quebrada. No fue un secuestro, fue un rescate. Rescate de que su propio padre las iba a matar.
Esta revelación cambió completamente la perspectiva del caso. Joaquín necesitaba que Pereira saliera vivo para explicar exactamente qué había ocurrido. Doctor, si lo que dice es verdad, podemos verificarlo, pero necesita salir y hablarnos cara a cara. No les creo. Me van a matar como querían matar a las muchachas. La situación se estaba volviendo más tensa. Pereira parecía genuinamente aterrorizado, pero también armado y desesperado. Joaquín decidió arriesgar una aproximación directa. Doctor, voy a entrar desarmado. Solo quiero hablar con usted.
No se acerque, dispararé. Solo quiero escuchar su versión de los hechos. Después de 15 minutos adicionales de negociación, Pereira finalmente accedió a permitir que Joaquín entrara a la casa, pero solo si venía completamente desarmado y sin chaleco antibalas. Era un riesgo enorme, pero Joaquín sabía que podría ser la única oportunidad de obtener la verdad completa sobre el destino de Isabela y Sofía Mendoza. Con las manos claramente visibles y sin armas, Joaquín se acercó lentamente a la puerta principal de la casa, preparándose para escuchar una versión de los eventos que podría cambiar completamente todo lo que creían saber sobre el caso.
Joaquín Roberto Salinas Moreno entró lentamente a la casa con las manos arriba y sin armas. La sala estaba en penumbras, con muebles viejos y un fuerte olor a medicamentos. podía escuchar la respiración agitada de Miguel Ángel Pereira Santos desde la habitación del fondo. Doctor, estoy aquí como acordamos. Solo quiero escuchar su versión de los hechos. Quédese dónde está, gritó Pereira. Puedo verlo desde aquí. Joaquín se detuvo en el centro de la sala. Doctor, dijo que Isabela y Sofía están vivas en España.
¿Puede explicarme cómo es eso posible? Hubo un silencio prolongado antes de que Pereira comenzara a hablar con voz temblorosa. Todo comenzó en febrero de 1997. Alejandro Mendoza vino a mi clínica con una propuesta que me horrorizó. ¿Qué tipo de propuesta? Quería que matara a sus propias hijas y que hiciera parecer un accidente o un secuestro. Joaquín sintió un escalofrío. ¿Por qué querría matar a sus propias hijas? Porque había perdido casi toda su fortuna en malas inversiones. Tenía deudas enormes con gente muy peligrosa.
Las gemelas tenían pólizas de seguro de vida por 10 millones de pesos cada una. Está diciendo que Alejandro Mendoza planeó asesinar a Isabela y Sofía por el dinero del seguro. Exactamente. Me ofreció tres millones de pesos para hacer el trabajo. Dijo que nadie sospecharía de un médico respetado. Joaquín procesó esta información impactante. ¿Por qué decidió no matarlas? Porque cuando las vi por primera vez me recordaron a mis propias hijas que habían muerto en un accidente años atrás.
No pude hacerlo. Entonces, ¿qué hizo? Decidí fingir sus muertes. El plan era hacerlas desaparecer, simular que habían sido asesinadas, pero en realidad enviarlas lejos donde pudieran comenzar nuevas vidas. ¿Cómo logró secuestrarlas? Pereira tosió violentamente antes de continuar. Luis Torres trabajaba para mí en eventos de la ciudad. Esa noche yo estaba en el concierto disfrazado como representante de modelos. Contacté a las gemelas y las convencí de que venían conmigo para una sesión de fotos. Ellas fueron voluntariamente. Al principio sí pensaban que era una oportunidad legítima, pero cuando las llevé a la clínica en lugar de un estudio fotográfico, se dieron cuenta de que algo estaba mal.
¿Qué pasó en la clínica? La cedé para que no sufrieran. Luego realicé cirugías menores para cambiar ligeramente su apariencia. También les cambié el color de cabello y les proporcioné documentos de identidad falsos. Las gemelas estuvieron conscientes durante este proceso. Mantuve sedadas la mayor parte del tiempo. Cuando finalmente despertaron completamente, les expliqué la situación. ¿Cómo reaccionaron? Pereira guardó silencio durante varios minutos. Cuando habló nuevamente, su voz era apenas audible. Al principio no me creyeron. Pensaban que estaba loco, pero cuando les mostré las conversaciones grabadas con su padre planeando sus muertes, se dieron cuenta de que era verdad.
¿Grabó las conversaciones con Alejandro Mendoza? Por supuesto. Necesitaba protegerme por si algo salía mal. ¿Dónde están esas grabaciones? En una caja de seguridad en el banco. Las llaves están en mi casa. Joaquín sabía que esas grabaciones podrían ser evidencia crucial. Doctor, las gemelas aceptaron participar en el plan. No tuvieron opción. Su padre había contratado también a otras personas para matarlas y yo fallaba. Era la única manera de salvar sus vidas. ¿Quiénes eran esas otras personas? Sicarios profesionales.
Alejandro había pedido dinero prestado a cárteles de narcotraficantes. Si no pagaba pronto, iban a matar a toda su familia. ¿Cómo envío a las gemelas a España? Tengo contactos en el tráfico de personas, pero para propósitos legítimos. Ayudo a mujeres que huyen de violencia doméstica a comenzar nuevas vidas en otros países. Isabela y Sofía están seguras en España? Sí. Viven bajo identidades completamente nuevas. Tienen trabajos normales y han construido vidas estables. ¿Por qué no contactaron a su hermano Carlos para decirle que estaban vivas?
Porque cualquier contacto con México podría revelar su ubicación y porque no sabían si Carlos estaba involucrado en el plan de su padre. Joaquín necesitaba confirmar estos detalles extraordinarios. Doctor, ¿tiene pruebas de que las gemelas están vivas? Tengo fotografías recientes, correspondencia, números telefónicos, todo está en mi caja de seguridad. ¿Por qué mantuvo este secreto durante 6 años? Porque si Alejandro Mendoza descubría que sus hijas seguían vivas, enviaría gente a matarlas en España. También porque técnicamente cometí secuestro, aunque fuera para salvar sus vidas.
¿Por qué decidió huir ahora? Porque cuando encontraron las cadenas en mi clínica, supe que eventualmente descubrirían la verdad y sabía que Alejandro haría cualquier cosa para silenciarme. Joaquín se acercó un paso más hacia la habitación donde se escondía Pereira. Doctor, necesito que salga y me acompañe para verificar toda esta información. No puedo. Alejandro tiene gente en la policía. Me van a matar antes de que pueda probar la verdad. ¿Qué gente en la policía? No lo sé exactamente, pero tiene conexiones en todos los niveles del gobierno.
Esta acusación de corrupción complicaba aún más la situación. Joaquín necesitaba manejar el caso con extrema cautela. Doctor, si todo lo que dice es verdad, podemos protegerlo, pero necesitamos evidencia. Las grabaciones están en la caja de seguridad del Banco del Norte, sucursal San Pedro. Las llaves están en el cajón de mi escritorio en casa. ¿Qué más hay en esa caja de seguridad? Po, fotografías de Isabela y Sofía tomadas en España el mes pasado. Cartas que me han escrito.
Documentos que prueban sus nuevas identidades. ¿Cómo se llaman ahora? Carmen Álvarez Mendoza vive en Barcelona. María Rodríguez Sánchez vive en Madrid. ¿Por qué la separó? Por seguridad. Si alguien encontraba una, la otra seguiría estando protegida. Joaquín sabía que necesitaba obtener acceso a esa caja de seguridad inmediatamente. Doctor, voy a enviar gente al banco ahora mismo para verificar su historia. Tenga cuidado. Si Alejandro se entera de que están vivas, las mandará a matar. Alejandro sabe que usted no las mató, lo sospecha.
Por eso me ha estado presionando durante todos estos años para que le devuelva el dinero que me dio. ¿Cuánto dinero le dio? 5 millones de pesos. Supuestamente mi pago por matarlas. ¿Qué hizo con ese dinero? Lo usé para financiar las cirugías, los documentos falsos y para mantener a Isabela y Sofía en España hasta que pudieran mantenerse por sí mismas. Después de 40 minutos de conversación, Joaquín había obtenido una versión completamente diferente de los eventos. Si Pereira decía la verdad, entonces Alejandro Mendoza era el verdadero criminal y el doctor había salvado a las gemelas en lugar de asesinarlas.
Doctor, necesito que salga de ahí para que podamos verificar toda esta información. Me va a proteger de Alejandro y si su historia es verdadera, lo vamos a proteger. Pero también va a enfrentar cargos por secuestro. Prefiero ir a prisión que permitir que asesinen a esas muchachas. Finalmente, después de una hora de negociación, Miguel Ángel Pereira Santos salió de la habitación con las manos arriba. Tenía la pierna derecha fracturada y caminaba con gran dificultad. Joaquín lo ayudó a llegar hasta una silla en la sala.
Doctor, vamos a verificar inmediatamente todo lo que me ha dicho. Por favor, comandante, proteja a Isabela y Sofía. Ellas han sufrido suficiente. La confesión de Pereira había cambiado completamente la naturaleza del caso. Si decía la verdad, Carlos Eduardo Mendoza estaba a punto de descubrir que sus hermanas estaban vivas, pero que su propio padre había planeado asesinarlas. La siguiente fase de la investigación requeriría verificar cada detalle de la extraordinaria historia de Pereira, comenzando con el contenido de la caja de seguridad que supuestamente contenía evidencia de que Isabela y Sofía Mendoza seguían vivas en España.
El 14 de mayo de 2003, mientras Miguel Ángel Pereira Santos recibía atención médica bajo custodia policial, Joaquín Roberto Salinas Moreno organizó un operativo para acceder a la Caja de Seguridad del Banco del Norte. La gerente de la sucursal San Pedro, licenciada Rosa Elena Moreno Vázquez, cooperó completamente con la orden judicial. La caja 12247 está a nombre del Dr. Pereira desde 1995. confirmó la gerente mientras guiaba a Joaquín y Ricardo Morales hacia la bóveda de seguridad. Dentro de la caja metálica encontraron exactamente lo que Pereira había descrito.
Grabaciones de audio en cassetes, fotografías recientes de dos jóvenes mujeres, correspondencia en español con matas de España y documentos de identidad que mostraban las nuevas identidades de Isabela y Sofía. Comandante, estas fotografías. Ricardo examinó las imágenes cuidadosamente. Definitivamente son las gemelas Mendoza, pero con el cabello diferente y algunos cambios faciales menores. Las fotografías mostraban a Isabela, ahora llamada Carmen Álvarez Mendoza, trabajando en una floristería en Barcelona. Sofía, identificada como María Rodríguez Sánchez, aparecía en las imágenes estudiando en una biblioteca de Madrid.
Ambas se veían saludables y aparentemente felices. “¿Estas cartas están dirigidas a Pereira?”, preguntó Joaquín. “Sí, y están fechadas entre 1998 y 2003.” Las gemelas le escriben regularmente agradeciendo su ayuda y contándole sobre sus nuevas vidas. El hallazgo más crucial fueron las grabaciones de audio. Joaquín escuchó la primera cinta en el mismo banco usando un reproductor que la gerente les proporcionó. La voz de Alejandro Mendoza Vázquez era inconfundible. Doctor Pereira, necesito que entienda la gravedad de mi situación.
Debo 10 millones de pesos a personas muy peligrosas. Si no pago en dos meses, van a matar a toda mi familia. La voz de Pereira respondía, “Señor Mendoza, no puedo ayudarlo con sus problemas financieros. No le estoy pidiendo dinero, doctor. Le estoy ofreciendo una solución que nos beneficie a ambos. ¿Qué tipo de solución? Mis hijas tienen pólizas de seguro de vida por 10 millones cada una. Si mueren en un accidente o un secuestro, mi familia cobraría 20 millones de pesos.
Está sugiriendo que Estoy sugiriendo que usted me ayude a resolver mi problema y yo le pago 5 millones de pesos por sus servicios médicos especializados. Joaquín detuvo la grabación. La evidencia era devastadora. Alejandro Mendoza había efectivamente planeado el asesinato de sus propias hijas por dinero del seguro. ¿Hay más cintas?, preguntó Ricardo. Revisó el contenido de la caja. Cuatro cintas más con conversaciones similares. También hay documentos que muestran las deudas reales de Mendoza en 1997. Los documentos revelaban que Alejandro Mendoza había perdido enormes cantidades de dinero en inversiones fallidas en bienes raíces y había pedido préstamos a organizaciones criminales para intentar recuperar sus pérdidas.
Joaquín sabía que necesitaba informar inmediatamente a Carlos Eduardo Mendoza sobre estos hallazgos, pero también sabía que la noticia sería devastadora. Carlos llegó a la Procuraduría una hora después. Comandante, ¿qué han encontrado? Carlos, necesito que se siente. Lo que voy a decirle cambiará completamente su perspectiva sobre todo lo que ha pasado. Encontraron a Isabela y Sofía. Sí, están vivas. Carlos se levantó bruscamente de la silla. ¿Cómo? ¿Dónde están? En España. Han estado viviendo ahí bajo nuevos nombres durante los últimos 6 años.
¿Por qué no han contactado conmigo? Joaquín respiró profundamente antes de continuar, porque su padre planeó asesinarlas y Pereira las salvó fingiendo sus muertes. Carlos se quedó en silencio durante varios minutos procesando la información. Mi padre quería matarlas. Tenemos grabaciones donde su padre le pide a Pereira que las mate para cobrar el dinero del seguro. Eso es imposible. Mi padre las adoraba. Joaquín reprodujo una de las grabaciones. La voz de Alejandro Mendoza era clara e inequívoca mientras describía su plan para asesinar a Isabela y Sofía.
Carlos escuchó en silencio, con lágrimas corriendo por su rostro. No puedo creerlo. ¿Cómo pudo hacer algo así? Según los documentos que encontramos, su padre tenía deudas enormes con narcotraficantes. Era una cuestión de vida o muerte para él. Isabela y Sofía saben que están vivas. Sí, pero no saben que hemos descubierto la verdad. Pereira las mantuvo en secreto para protegerlas. ¿Puedo contactarlas? Primero necesitamos arrestar a su padre y asegurar que no represente más peligro para ellas. Carlos se puso de pie tembloroso.
¿Cuándo van a arrestar a mi padre? Ahora mismo. ¿Quiere estar presente? Sí. Necesito escuchar de su propia boca por qué quiso matar a mis hermanas. El arresto de Alejandro Mendoza Vázquez se realizó en su oficina de la Torre Mendoza. Cuando Joaquín y su equipo llegaron, encontraron al magnate empresarial reunido con sus abogados, aparentemente discutiendo estrategias legales. “Señor Mendoza, tiene derecho a permanecer callado.” comenzó Joaquín mostrando la orden de arresto. “¿De qué se me acusa?”, preguntó Alejandro con aparente calma.
Conspiración para cometer homicidio, solicitar servicios para asesinato y fraude de seguros. Eso es ridículo. Exijo hablar con mi abogado. Por supuesto, pero primero necesitamos que nos acompañe para ser procesado formalmente. Durante el traslado a la procuraduría, Carlos siguió en otro vehículo. No había hablado directamente con su padre, pero sus miradas se habían cruzado brevemente en la oficina. En la sala de interrogatorios, Alejandro Mendoza mantuvo su compostura inicial. No voy a responder preguntas sin mi abogado presente. Señor Mendoza, tenemos grabaciones de sus conversaciones con el doctor Pereira.
A no sé de qué está hablando. Joaquín reprodujo la primera grabación. La expresión de Alejandro cambió inmediatamente de confianza a Shock. ¿Dónde consiguieron eso? Reconoce su voz en la grabación. Alejandro permaneció en silencio durante varios minutos. Quiero que mi abogado esté presente antes de continuar. Por supuesto, pero le gustaría saber el estado actual de Isabela y Sofía. Alejandro levantó la vista bruscamente. ¿Qué quiere decir con estado actual? Asume usted que están muertas. Desaparecieron hace 6 años. Todo indica que, “Señor Mendoza, sus hijas están vivas.” La reacción de Alejandro fue inmediata y reveladora.
En lugar de mostrar alegría o alivio, mostró pánico. Eso es imposible. ¿Por qué es imposible? ¿No debería alegrarse de saber que sus hijas están vivas? Por supuesto que me alegro, pero qué, señor Mendoza. Alejandro se dio cuenta de que había revelado demasiado. Necesito a mi abogado ahora mismo. En ese momento, Carlos Eduardo Mendoza entró a la sala de interrogatorios. Papá, necesito que me expliques por qué quisiste matar a Isabela y Sofía. Alejandro vio a su hijo con expresión de horror.
Carlos, no entiendes la situación. Entiendo perfectamente. Escuché las grabaciones. Estaba desesperado. Iban a matarnos a todos y no pagaba mis deudas. Entonces decidiste sacrificar a mis hermanas. No tenía opción. Era ellas o toda la familia. Kia, ¿cómo pudiste siquiera considerar algo así? Alejandro comenzó a llorar. Pensé que sería rápido, que no sufrirían y que el dinero del seguro salvaría al resto de la familia. El resto de la familia incluía a mí, por supuesto que sí, pero no incluía a Isabela y Sofía.
Alejandro no pudo responder. Papá, ¿dónde están mis hermanas ahora? Joaquín intervino. Su padre no lo sabe. El doctor Pereira las salvó y las envió a España bajo nuevas identidades. Carlos miró a su padre con una mezcla de dolor y desprecio. “¿Sabías que estaban vivas?” “Lo sospechaba,”, admitió Alejandro. Pereira nunca me dio evidencia de que habían muerto. “Y por eso has estado presionándolo durante todos estos años. Quería recuperar mi dinero y saber la verdad. ¿No tu dinero? El dinero que le pagaste para matar a mis hermanas.
La confesión de Alejandro Mendoza fue completa. Admitió haber contratado a Pereira para asesinar a Isabela y Sofía. Reveló las extensiones de sus deudas con narcotraficantes y explicó cómo había planeado usar el dinero del seguro para salvar sus negocios. ¿Hay otras víctimas?, preguntó Joaquín. ¿Qué quiere decir? ¿Ha contratado a alguien más para resolver sus problemas financieros de manera violenta? Alejandro guardó silencio durante varios minutos. Hubo otros problemas que requerían soluciones extremas. ¿Qué tipo de problemas? Competidores que se negaban a vender sus propiedades.
Socios que querían exponer mis problemas financieros. Contrató a alguien para lastimarlos. Solo para asustarlos. Nunca quise que nadie muriera realmente. La investigación adicional reveló que Alejandro Mendoza había estado involucrado en una red de intimidación y extorsión que afectaba a múltiples empresarios de la región. Sus problemas financieros lo habían llevado a asociarse con elementos criminales para mantener su imperio empresarial. “¿Cuántas personas han resultado heridas por sus soluciones extremas?”, preguntó Joaquín. No lo sé exactamente. Yo solo daba órdenes.
Otros se encargaban de los detalles. ¿Quiénes son esos otros? Gente que trabaja para los narcotraficantes a quienes les debo dinero. La confesión de Alejandro Mendoza había abierto una investigación mucho más amplia que podría afectar a docenas de víctimas adicionales. Su intento de asesinar a sus propias hijas era solo la punta del iceberg de una red criminal mucho más extensa. Mientras tanto, Joaquín se preparaba para contactar a las autoridades españolas para verificar la ubicación y el bienestar de Isabela y Sofía, quienes finalmente podrían reunirse con su hermano Carlos después de 6 años de separación forzada.
El 20 de mayo de 2003, después de una semana de coordinación internacional, las autoridades españolas confirmaron la ubicación y el estado de Isabela María y Sofía Carmen Mendoza Herrera. Ambas jóvenes, ahora de 24 años, habían construido vidas estables bajo sus nuevas identidades en Barcelona y Madrid. La inspectora Elena Martínez Ruiz de la Policía Nacional Española coordinó personalmente el contacto inicial con las hermanas. Señoritas, soy la inspectora Martínez. Necesito hablar con ustedes sobre un asunto muy importante relacionado con México.
Carmen Álvarez Mendoza, anteriormente Isabela, estaba trabajando en su floristería cuando dos agentes españoles llegaron con la noticia. ¿Qué ha pasado? ¿Está bien el doctor Pereira? El doctor Pereira está bien, pero bajo custodia de las autoridades mexicanas. Su hermano Carlos ha estado buscándolas durante 6 años. Carlos está vivo”, preguntó Carmen con lágrimas en los ojos. “Está vivo y muy ansioso por reunirse con ustedes. También tenemos noticias sobre su padre. ” Mientras tanto, en Madrid, María Rodríguez Sánchez, anteriormente Sofía, recibió la misma visita en la biblioteca donde estudiaba para completar su carrera en literatura.
“No entiendo”, dijo María, “¿Cómo nos encontraron después de tanto tiempo?” Su padre fue arrestado por conspiración para asesinato. La investigación reveló que ustedes estaban vivas. Nuestro padre fue arrestado. ¿Por qué? Por planear sus muertes en 1997. La reacción de ambas hermanas fue de shock y alivios simultáneos. Durante 6 años habían vivido con el miedo constante de que su padre pudiera encontrarlas y completar su plan original. En Monterrey, Carlos Eduardo Mendoza esperaba ansiosamente en la oficina de Joaquín las confirmaciones desde España.
¿Cuándo podré hablar con ellas? Hoy mismo. Hemos programado una videoconferencia para las 6 de la tarde. ¿Cómo están? Físicamente bien, emocionalmente van a necesitar tiempo para procesar todo lo que ha pasado. La videoconferencia se realizó en las oficinas de la Procuraduría con equipo proporcionado por el consulado de España en Monterrey. Carlos no había visto a sus hermanas en más de 6 años. Cuando las imágenes aparecieron en la pantalla, Carlos no pudo contener las lágrimas. Isabela y Sofía se veían diferentes, con cabello más oscuro y algunos cambios faciales menores, pero eran definitivamente sus hermanas.
Isabela, Sofía. Carlos habló con voz quebrada. Carlos respondieron ambas al unísono también llorando. Pensé que habían muerto. He estado buscándolas durante 6 años. Nosotras pensamos que tú podrías estar involucrado en el plan de papá, admitió Isabela. Por eso el doctor Pereira nos dijo que no te contactáramos. ¿Cómo han estado? ¿Están bien? Estamos bien, respondió Sofía. Ha sido difícil, pero hemos construido nuevas vidas aquí. ¿Quieren regresar a México? Las hermanas intercambiaron miradas antes de responder. No lo sabemos, dijo Isabela.
México representa muchos malos recuerdos para nosotras, pero también está la familia que nos ama, agregó Sofía mirando a Carlos. La conversación duró dos horas, durante las cuales las hermanas describieron sus vidas en España y Carlos les explicó los detalles de la investigación que había llevado a descubrir la verdad. ¿Qué va a pasar con papá?, preguntó Isabela. Va a ser procesado por conspiración para cometer homicidio. Probablemente pasará el resto de su vida en prisión. Y el Dr. Pereira también va a ser procesado, pero por secuestro.
Sin embargo, el fiscal está considerando reducir los cargos debido a que salvó sus vidas. Durante las siguientes semanas, los procedimientos legales avanzaron rápidamente. Miguel Ángel Pereira Santos se declaró culpable de secuestro en segundo grado, pero recibió una sentencia reducida de 5 años de prisión debido a las circunstancias atenuantes. “Su honor”, declaró Pereira ante el juez. Acepto la responsabilidad por mis acciones, pero no me arrepiento de haber salvado las vidas de Isabela y Sofía Mendoza. Alejandro Mendoza Vázquez enfrentó múltiples cargos criminales.
Además de la conspiración para asesinar a sus hijas, fue acusado de extorsión, intimidación y asociación delictuosa por su participación en la red criminal que había operado durante varios años. ¿Tiene algo que decir antes del dictado de la sentencia?, preguntó el juez. Solo que lamento profundamente haber puesto a mis hijas en peligro. No hay excusa para lo que hice”, respondió Alejandro. El juez lo sentenció a 25 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional. Luis Fernando Torres Medina fue arrestado en Tijuana una semana después intentando cruzar la frontera hacia Estados Unidos.
confesó su participación en el secuestro y recibió una sentencia de 8 años por secuestro en segundo grado. Patricia Guadalupe, Ruiz Castillo y su hermana Elena Patricia Vázquez Herrera, recibieron sentencias suspendidas de 2 años por complicidad, debido a que habían actuado bajo coacción. La clínica Santa Teresa fue cerrada permanentemente y sus activos fueron confiscados para compensar a las víctimas de la red criminal de Alejandro Mendoza. El caso tuvo repercusiones significativas en la comunidad empresarial de Monterrey. Múltiples investigaciones adicionales fueron abiertas para revisar las prácticas comerciales de otros empresarios que habían tenido relaciones con Alejandro Mendoza.
Este caso demuestra que la corrupción y la violencia pueden infiltrarse incluso en las familias más respetadas de nuestra sociedad, declaró el procurador general del Estado en una conferencia de prensa. En julio de 2003, Isabela y Sofía decidieron regresar temporalmente a México para testimoniar en los juicios y reunirse con Carlos y otros familiares. El reencuentro en el aeropuerto de Monterrey fue emotivo. Carlos abrazó a sus hermanas por primera vez en más de 6 años. Mientras docenas de reporteros documentaban el momento.
“¿Cómo se sienten de estar de vuelta en México?”, preguntó un reportero. “Es extraño,”, respondió Isabela. “Este lugar tiene muchos recuerdos dolorosos, pero también es nuestro hogar. Planean quedarse permanentemente?” “No lo hemos decidido”, dijo Sofía. “Primero queremos asegurarnos de que es seguro.” Durante su estadía en México, las hermanas visitaron la tumba de su madre. quien había muerto de cáncer en 1999 sin saber que sus hijas estaban vivas. “Mamá nunca supo la verdad”, dijo Isabela colocando flores en la tumba.
“Murió pensando que habíamos sido asesinadas, pero ahora puede descansar en paz sabiendo que estamos bien”, agregó Sofía. También visitaron al Dr. Pereira en prisión para agradecerle personalmente por salvar sus vidas. “Doctor, sabemos que sacrificó todo por nosotras. dijo Isabela, “Nunca podremos pagarle lo que hizo. Ver que están vivas y bien es el único pago que necesito,” respondió Pereira. En agosto de 2003 se estableció la Fundación Isabela y Sofía Mendoza para ayudar a víctimas de violencia doméstica y tráfico de personas.
La fundación recibió financiamiento de los activos confiscados de Alejandro Mendoza. Queremos que algo positivo salga de nuestra experiencia”, explicó Sofía durante la ceremonia de inauguración. Si podemos ayudar a una sola persona a escapar de una situación peligrosa, todo habrá valido la pena. Carlos Eduardo Mendoza fue nombrado director ejecutivo de la fundación, canalizando finalmente su búsqueda incansable de sus hermanas hacia ayudar a otras familias en situaciones similares. Raúl Armando Jiménez López, el técnico que había encontrado las cadenas y desencadenado toda la investigación, recibió una recompensa de 100,000 pesos del gobierno estatal por su contribución crucial al caso.
“Solo hice lo correcto”, declaró Raúl. Cualquier persona habría hecho lo mismo. En septiembre de 2003, Isabela y Sofía decidieron dividir su tiempo entre España y México. Isabela regresó a Barcelona para continuar con su floristería, mientras que Sofía se quedó en Monterrey para estudiar derecho y trabajar con la fundación. “México también es nuestro hogar”, explicó Sofía. No podemos permitir que los actos de una persona nos alejen para siempre de nuestras raíces. El caso de las gemelas Mendoza se convirtió en un punto de referencia para las reformas en el sistema de justicia mexicano, particularmente en cuanto a la protección de testigos y la investigación de casos de personas desaparecidas.
5 años después, en 2008, Isabela se casó con un empresario español y tuvo su primer hijo, al que nombró Carlos en honor a su hermano. Sofía se graduó como abogada y estableció una práctica legal especializada en derechos de las víctimas. El comandante Joaquín Roberto Salinas Moreno fue promovido a director de investigaciones criminales del Estado. Implementó nuevos protocolos para casos de personas desaparecidas basados en las lecciones aprendidas del caso Mendoza. Miguel Ángel Pereira Santos fue liberado en 2008 después de cumplir 5 años de prisión.
Estableció una clínica gratuita para mujeres víctimas de violencia doméstica, dedicando el resto de su vida a la medicina social. Alejandro Mendoza Vázquez murió en prisión en 2015, cumpliendo su sentencia de 25 años. Nunca volvió a ver a sus hijas después de su arresto. El legado del caso trasciende los aspectos criminales. La historia de Isabela y Sofía Mendoza se convirtió en un símbolo de supervivencia y esperanza, demostrando que incluso en las circunstancias más desesperadas el coraje y la determinación pueden prevalecer sobre la corrupción y la violencia.
La búsqueda incansable de Carlos por sus hermanas durante 6 años inspiró cambios legislativos para mejorar la investigación de casos de personas desaparecidas en México. La Fundación Isabela y Sofía Mendoza ha ayudado a más de 1000 familias en situaciones de crisis durante sus 20 años de operación. Hoy en 2003, mientras la justicia sigue su curso, la familia Mendoza finalmente ha encontrado paz después de 6 años de incertidumbre. La verdad, aunque dolorosa, les ha permitido comenzar el proceso de sanación y reconstruir sus vidas sobre bases más sólidas.
El caso demostró que la justicia, aunque a veces tardía, puede prevalecer cuando ciudadanos valientes como Raúl Jiménez y oficiales dedicados como el comandante Salinas trabajan juntos para descubrir la verdad, sin importar cuán poderosos sean los perpetradores o cuán compleja sea la red de corrupción que intentan ocultar sus crímenes. Yeah.